Otros datos sobre el Blackjack Guía del Juego para los Amantes del Casino

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1.Una apuesta histórica
Uno de los más grandes «arrolladores» de Las Vegas jugó la mano más fuerte de blackjack de todos los tiempos en 1979, en un casino de la ciudad. La cuantía de apuesta, especialmente convenida con la casa, era de $100.000. El jugador en cuestión venía gozando de una considerable suerte en el juego desde hacía varias semanas y estaba convencido de que difícilmente perdería. En aquella jugada sacó un 10 + 6 contra un 7 del banquero. Aunque todo hacía suponer que un desenlace total para él era irremediable, decidió «plantarse»: la suerte estaba de su lado y ganó porque el banquero sobrepasó los 21 puntos.



2.«Manejar las segundas»
Demos por seguro que ningún casino de prestigio jamás permitiría fraude alguno (¡Claro que no!). Sin embargo, hay muchos banqueros de blackjack que sostienen las cartas como un «conspirador», «manejan las segundas» (es decir toman para si mismos la carta superior que desean y entregan al jugador la siguiente; en otras palabras, se aseguran de que el jugador acabe perdiendo la mano. Las posibilidades de resultar «timado» quedan eliminadas cuando para repartir las cartas se utiliza un instrumento llamado «zapato».

3.Gratificación
La poco frecuente gratificación a la banca (si es que está permitida) por parte de un jugador cuando obtiene un cierto beneficio en una apuesta, mantiene calmada la atmósfera y representa una garantía contra la posibilidad de ser estafado. El procedimiento más usual de hacerlo consiste en colocar un par de fichas al borde del cuadrado de apuestas, como un añadido a la propia apuesta y decirle al banquero: «Esto es para usted». Si la mano del jugador gana, el banquero se embolsa tanto su gratificación como el dinero que ha ganado con ella. Si no ocurre así pierden ambos, usted y el banquero, y este último le agradecerá su generosidad diciendo: «Gracias por su apuesta».

4.¿Cuánta gente cuenta las cartas?
Estadísticamente se estima que uno de cada dos mil jugadores es un pelete y sólo algunos de ellos, quizás uno de cada veinte, es un triunfador. Algunos peletes pierden dinero cuando juegan, aunque se hayan entrenado perfectamente en la técnica. La causa puede ser el nerviosismo resultante de una presión psicológica, del temor a ser descubierto y contrariado por el casino, o simplemente la poca habilidad para lograr captar los rápidos movimientos de un diestro repartidor.

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