Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

Página 2 de 44


     PROTEO. -En resumen, que me crees loco porque estoy enamorado.
     VALENTÍN. -En resumen, que si no estás loco lo estarás.
     PROTEO. -Te burlas del amor, y yo no soy Amor.
     VALENTÍN. -El amor es tu amo, pues te esclaviza, y quien sufre el yugo de un loco, no merece, a mi juicio, que se le tenga por cuerdo.
     PROTEO. -Sin embargo, dicen los autores que el amor ardiente se encuentra en las inteligencias más privilegiadas, como el gusano roedor en los más lozanos capullos.
     VALENTÍN. -Y también dicen que así como el gusano roe el capullo más precoz antes de abrirse, así el amor trastorna la inteligencia joven y apasionada. Marchita en flor, ve desaparecer su lozanía primaveral y, con ella, toda esperanza de un porvenir brillante. Pero en fin, ¿a qué perder tiempo en aconsejar a un esclavo de apetitos amorosos? Por última vez, adiós. Mi padre me espera en el puerto para presenciar mi embarco.
     PROTEO. -Te voy a acompañar, Valentín.
     VALENTÍN. -Querido Proteo, no. Despidámonos ahora. Escríbeme a Milán. Comunícame tus conquistas y cuanto ocurra por aquí mientras falta tu amigo, que también promete escribirte.
     PROTEO. -¡Pues felicidades en Milán!
     VALENTÍN. -¡Las mismas te deseo en casa! Conque ¡adiós! (Sale.)
     PROTEO. -Él va en pos del honor, yo del amor. Abandona a sus amigos para hacerse más digno de ellos. Yo abandono por el amor a mis amigos, a mí mismo y a todo. ¡Tú, Julia, tú me has metamorfoseado! Por ti he descuidado mis estudios perdido mi tiempo, desatendido los buenos consejos: despreciado el mundo, debilitado con ilusiones mi inteligencia y enfermado mi corazón con inquietudes. (Entra RELÁMPAGO.)
     RELÁMPAGO. -¡Señor Proteo salud! ¿Visteis a mi amo?
     PROTEO. -Acaba de irse para embarcarse rumbo a Milán.
     RELÁMPAGO. -Veinte contra uno, entonces, a que se ha embarcado ya, y al perderle me he portado como un carnero.
     PROTEO. -Verdaderamente, en ocasiones se pierde el carnero a poco que le abandone su amo.
     RELÁMPAGO. -¿De lo cual deducís que mi amo es un pastor y yo un carnero?
     PROTEO. -Claro.
     RELÁMPAGO. -Luego vele yo o duerma, mis cuernos le pertenecen.
     PROTEO. -Respuesta estúpida y muy digna de un carnero.
     RELÁMPAGO. -Lo que prueba que lo soy.
     PROTEO. -Y tu amo el pastor.
     RELÁMPAGO. -Lo niego por una razón.
     PROTEO. -Te lo probaré con otra.
     RELÁMPAGO. -El pastor busca el carnero, y no el carnero al pastor; yo busco a mi amo, y mi amo no me busca a mí; luego no soy, carnero.

Página 2 de 44
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: