Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

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     PROTEO. -El carnero, por un puñado de hierba, sigue al pastor; el pastor, para comer, no sigue al carnero; tú sigues a tu amo por la paga; tu amo no te sigue; luego se sigue que tú eres el carnero.
     RELÁMPAGO. -Otra prueba como esa y me vais a oír el bee.
     PROTEO. -Pero ¿me atiendes? ¿Entregaste mi carta a Julia?
     RELÁMPAGO. -Sí, señor. Yo, carnero descarriado, entregué vuestra carta a esa apacible oveja, y esa apacible oveja nada dio por su trabajo al carnero descarriado.
     PROTEO. -Una pastura te hubiera sentado bien.
     RELÁMPAGO. -Que ella me dé la pastura, pero entregadme vos la pasta.
     PROTEO. -Bueno. ¿Qué te ha dicho? Desembucha.
     RELÁMPAGO. -Desembuchad vos el bolsillo, a fin de que se exhiban a la vez vuestro dinero y mi mensaje(1).
     PROTEO. -(Dándole dinero.) Toma, ahí tienes por tu trabajo. Pero ¿qué te ha dicho?
     RELÁMPAGO. -Francamente, no creo que la conquistéis.
     PROTEO. -¿Por qué? ¿Es que te ha dejado entrever...?
     RELÁMPAGO. -No me ha dejado entrever nada, ni aun siquiera un ducado, por entregarla vuestra misiva. Pero por la dureza que ha demostrado con el portador, presumo cómo se ha de portar. Dadle piedras por regalos, ya que es tan dura como el acero.
     PROTEO. -¡Pero qué! ¿Nada te ha dicho?
     RELÁMPAGO. -Ni siquiera un «Toma eso por tu trabajo». Agradezco las monedas que acabáis de entregarme, pero en lo sucesivo dignaos llevar vos mismo vuestras cartas. De manera, señor, que os encomendaré a los buenos recuerdos de mi amo.
     PROTEO. -Anda, anda, date prisa y libra del naufragio al buque que te lleve. No naufragará mientras estés a bordo mereces la muerte en tierra firme. (Sale RELÁMPAGO) Mandaré a un mensajero más hábil. Temo que Julia rechace mis cartas si se las entrega un cartero tan idiota. (Sale.)


Escena II
El mismo lugar. -En el jardín de julia
Entran JULIA y LUCÍA
     JULIA. -Vamos a ver, Lucia, ahora que estamos solas: ¿me aconsejarías caer en amores?
     LUCÍA. -Con tal que cayerais sin sentido...
     JULIA. -A tu parecer, ¿cuál de los hidalgos que me cortejan crees más digno de mi amor?
     LUCÍA. -Decid de nuevo sus nombres y os daré mi opinión.
     JULIA. -¿Qué piensas del apuesto caballero Eglamur?
     LUCÍA. -Que es un buen tipo, elegante y de lenguaje correcto, pero en vuestro lugar no lo elegiría.
     JULIA. -Y del rico Mercurio, ¿qué me dices?
     LUCÍA.

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