Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

Página 6 de 44

» Por este último nombre lo voy a rasgar. Pero no, no quiero rasgarlo, ya que se une al suyo, afligido, de un modo tan encantador. Los voy a doblar juntos; así; ahora abrazaos, disputaos como queráis. (Vuelve a entrar LUCÍA.)
     LUCIA. -Señora, la comida está dispuesta y vuestro padre os aguarda.
     JULIA. -Pues vamos.
     LUCIA. -¡Cómo! ¿Dejaremos en el suelo estos indiscretos papeles?
     JULIA. -Recógelos, si tienen algún valor para ti.
     LUCIA. -Me he comprometido ya con abandonarlos, pero en fin, los recogeré para que no se constipen.
     JULIA. -Veo que los aprecias demasiado.
     LUCÍA. -Podéis decir lo que veis, como yo veo muchas cosas, aunque creáis que tengo los ojos cerrados.
     JULIA. -¡Vamos, vamos! ¿Querrás que nos marchemos? (Salen.)


Escena III
El mismo lugar. -Aposento en casa de Antonio
Entran ANTONIO y PANTINO
     ANTONIO. -Dime Pantino,. ¿de tanto interés era lo que te decía en el vestíbulo mi hermano?
     PANTINO. -Me hablaba de su sobrino Proteo, vuestro hijo.
     ANTONIO. -Y ¿qué te decía de él?
     PANTINO. -Dolíase de que vuestra señoría le hiciese permanecer en su ciudad natal, en tanto que otros hombres de estirpe más baja envían lejos a sus hijos en busca de adelantos: unos a probar fortuna en la guerra otros a descubrir remotas islas y otros a estudiar a las Universidades. Para cualquiera de esas carreras dice que es apto vuestro hijo, y me ha rogado que influya cerca de vos para que no le hagáis perder más el tiempo, pues seguramente le molestará en la edad madura no haber viajado cuando era joven.
     ANTONIO. -No es preciso que te esfuerces para convencerme, pues desde hace un mes pienso lo mismo, y he reflexionado sobre el tiempo que perdía. Tengo la seguridad de que no será nada, si no adquiere experiencia e instrucción: la experiencia se adquiere con el trabajo y se perfecciona con el tiempo. Y ¿adónde te parece que convendría mandarle?
     PANTINO. -Creo que no ignorará vuestra señora que su amigo, el joven Valentín, está al servicio del emperador en su real corte.
     ANTONIO. -Lo sé.
     PANTINO. -Pues allí creo que convendría enviarle. Se ejercitaría en las justas y, torneos, aprendería el bien decir, alternaría con la nobleza y, en fin, se le identificaría con los ejercicios dignos de su juventud y elevada cuna.
     ANTONIO. -Me parece bien tu consejo; es una prudente advertencia, y para probarte lo admirable que la hallo, voy a ponerla en práctica.

Página 6 de 44
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: