Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

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     VALENTÍN. -¿Has notado que la miraba fijamente, y no la conoces?
     RELÁMPAGO. -No carece de señor.
     VALENTÍN. -¡Como que tiene, más gracia que belleza!
     RELÁMPAGO. -Lo sé de un modo absoluto.
     VALENTÍN. -¿Qué sabes tú?
     RELÁMPAGO. -Que no es tan bella como la gracia que os ha hecho.
     VALENTÍN. -He querido decir que su hermosura es incomparable, pero su gracia infinita.
     RELÁMPAGO. -¡Como que la una es hermosura pintada y la otra una gracia sin ninguna gracia!
     VALENTÍN. -¡A ver, a ver, explica eso!
     RELÁMPAGO. -¿No dicen para alabar a una mujer: «Es tan hermosa que ni pintada»? Pues ahí la tenéis pintada, para colmo de su belleza.
     VALENTÍN. -¿Te burlas? ¿Por quién me tomas a mí, que tanto te estimo?
     RELÁMPAGO. -Es que no la habéis visto desde que se ha vuelto fea.
     VALENTÍN. -¿Desde cuándo es eso?
     RELÁMPAGO. -Desde que la amáis.
     VALENTÍN. -La amé en cuanto la vi, y siempre la he visto hermosa.
     RELÁMPAGO. -Si la amáis no podéis verla.
     VALENTÍN. -¿Por qué?
     RELÁMPAGO. -Porque Amor es ciego.¡Oh! ¡Que no tengáis mis ojos, o que los vuestros no vean tan claro como cuando reprendíais al señor Proteo por ir sin ligas!
     VALENTÍN. -¿Qué vería entonces?
     RELÁMPAGO. -Vuestra locura presente y la terrible fealdad de vuestra alma. Porque él, como estaba enamorado, no veía para atar sus calzones; y vos, desde que lo estáis, no veis para poneros los vuestros.
     VALENTÍN. -Pues según eso, bribón, debes de estar tú enamorado, porque esta mañana no veías para limpiar mis zapatos.
     RELÁMPAGO. -En efecto, señor, estaba enamorado... de la cama. Y os agradezco el haber castigado mi amor con las correas de los estribos. Así me vengaré ahora zurrando el vuestro.
     VALENTÍN. -Acabemos. La quiero y basta.
     RELÁMPAGO. -¡Ya disminuiría vuestro cariño como os echaran el yugo!
     VALENTÍN. -Por cierto que anoche me mandó escribir unos versos para una persona a quien ama.
     RELÁMPAGO. -¿Y los habéis compuesto?
     VALENTÍN. -Pues claro.
     RELÁMPAGO. -Y ¿son pasables?
     VALENTÍN. -Así así; he hecho lo que he podido. ¡Silencio! Aquí llega. (Entra SILVIA.)
     RELÁMPAGO. -(Aparte.) ¡Oh! ¡Lindos andares! ¡Un maniquí rematado! ¡Ahora la servirá él de intérprete!
     VALENTÍN. -Señora mía y dueña: os saludo mil veces.
     RELÁMPAGO. -(Aparte.) ¡Atiza! Ya veréis ofrecerle en pago un millón de carantoñas.
     SILVIA. -Señor Valentín, mi servidor, yo os saludo dos mil.
     RELÁMPAGO. -(Aparte.) Debería él pagar el interés y es ella quien lo paga.
     VALENTÍN. -En cumplimiento de vuestro mandato he escrito la carta dirigida al secreto amigo, cuyo nombre no me quisisteis confiar.

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