Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

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El encargo era duro; sólo por obedeceros lo he realizado. (Entregándole un papel.)
     SILVIA. -Muchas gracias, amable servidor. La carta está admirablemente escrita.
     VALENTÍN. -Pues creedme, señora; me ha costado algún trabajo, porque como ignoraba a quién iba dirigida he tenido que escribir al azar y no muy seguro de lo que hacía.
     SILVIA. -¿Creéis, por ventura, que os ha costado un trabajo en extremo excesivo?
     VALENTÍN. -No, señora; si ello os causa complacencia, mandad y escribiré mil veces otro tanto. Y sin embargo...
     SILVIA. -¡Un lindo período! Bien adivino lo que sigue. Y sin embargo no lo diré. Y sin embargo me es indiferente. Y sin embargo tomad esto otra vez. Y sin embargo os lo agradezco. No volveré a importunaros en lo sucesivo.
     RELÁMPAGO. -(Aparte.) Y sin embargo todavía os importunaré y os embargaré con otros sin embargos.
     VALENTÍN. -¿Qué queréis decir, señorita? ¿No os agrada el estilo?
     SILVIA. -Sí, sí; son muy lindos vuestros versos, pero puesto que los habéis escrito a disgusto, tomadlos, quedaos, con ellos. (Le entrega la carta.)
     VALENTÍN. -Señora, son para vos.
     SILVIA. -Sí, sí, caballero; ya sé que los habéis escrito a instancia mía, pero no los quiero; para vos. Yo los hubiera preferido más apasionados.
     VALENTÍN. -Si me lo permitís, señorita, escribiré otros.
     SILVIA. -Pues cuando los escribáis, leedlos por mí. Y si os agradan, bien; si no os agradan, también.
     VALENTÍN. -Si me agradan, señora, ¿qué hago entonces?
     SILVIA. -Pues si os agradan guardadlos por vuestro trabajo. Conque, buenos días, mi servidor. (Sale.)
     RELÁMPAGO. -¡Oh, juego de palabras oculto, inescrutable, invisible como la nariz en medio del rostro o como la veleta sobre un campanario!¡Mi amo la galantea, y ella, de discípulo suyo, se cambia en su maestro! ¡No es mala idea! ¡Superiorísima! ¿Se ha visto cosa igual?


                              
¿Escoger de amanuense a mi señor

para que escriba epístolas de amor?


     VALENTÍN. -¡Eh, eh! ¿Qué estás discurriendo ahí solo?
     RELÁMPAGO. -Estaba solas con la rima para dejaros el pensamiento.
     VALENTÍN. -¿Qué pensamiento?
     RELÁMPAGO. -El que necesitáis para servir de intérprete a doña Silvia.
     VALENTÍN. -¿Para con quién?
     RELÁMPAGO. -Para con vos mismo. Pues os hace el amor por medio de enigmas.
     VALENTÍN. -¿Cómo enigmas?
     RELÁMPAGO. -Por cartas debí decir.
     VALENTÍN. -¿Me ha escrito a mí, acaso?
     RELÁMPAGO. -¿Para qué, si ha hecho que os escribierais vos mismo? ¿Es que no habéis comprendido el juego?
     VALENTÍN. -Créeme que no.
     RELÁMPAGO.

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