Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

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-Es extraño, en verdad. Pero ¿no adivinasteis el interés que mostraba al hablaros?
     VALENTÍN. -No hizo sino dirigirme palabras de ira.
     RELÁMPAGO. -Pero os entrego una carta.
     VALENTÍN. -La que escribí yo para su amigo.
     RELÁMPAGO. -Y os dio esa carta, y allí acabó el asunto.
     VALENTÍN. -¡Ojalá no quede aún lo peor por descifrar!
     RELÁMPAGO. -OS lo aseguro, fue como os digo:


                              
   Le escribisteis muchas veces,

y ella, fuera por pasión

o bien por pasar el tiempo,

ha conseguido de vos,

mediante un gracioso ardid,

que le escribáis de su amor,

tomándoos por mensajero

de vuestra propia pasión.


     Os juro que todo esto es tal como lo leí impreso. ¿En qué meditáis, señor? Es hora de comer.
     VALENTÍN. -He comido ya.
     RELÁMPAGO. -Sí, pero oídme, señor: aunque Amor es una especie de camaleón que puede vivir del aire, yo necesito mi ración y quisiera algo sólido. ¡Oh! No seáis como vuestra dama; conmoveos. (Salen.)


Escena II
Verona. -Aposento en casa de Julia
Entran PROTEO y JULIA
     PROTEO. -Ten paciencia, amable Julia.
     JULIA. -Es preciso, cuando no hay remedio.
     PROTEO. -Tan pronto como pueda volveré.
     JULIA. -Si no cambias volverás antes. Guarda esto en recuerdo de tu Julia. (Le entrega una sortija.)
     PROTEO. -Pues entonces haremos un cambio: toma este anillo. (La entrega un anillo.)
     JULIA. -Y sellemos el trato con un santo beso.
     PROTEO. -He aquí mi mano, en testimonio de mi constancia inalterable. Y Cuando deje pasar un solo instante del día sin suspirar por ti, ¡que me castigue, Julia una irreparable desgracia por el olvido de mi amor! Mi padre me espera. No Puedo detenerme. Llegó la hora de la marea, no la marea de mis lágrimas que me detendría más tiempo.¡Julia, adiós! (Sale JULIA) ¡Como! ¿Sale sin decirme una palabra? ¡Sí, así se manifiesta el amor verdadero! ¡No puede hablar, y mejor que con palabras se muestra la sinceridad con actos! (Entra PANTINO.)
     PANTINO. -Señor Proteo, os aguardan.
     PROTEO. -Ve; te sigo, te sigo. ¡Ay! ¡La separación hace enmudecer a los amantes! (Salen.)


Escena III
El mismo lugar. -Una calle
     LANZA. -¡Pues me apuesto a que se pasa una hora antes que acabe de llorar! Toda la raza de los Lanzas ha tenido este defecto. He recibido, como el hijo pródigo, mi parte de herencia, y voy a acompañar al señor Proteo a la corte del emperador. Para mí que mi perro Crab es el tipo de perro más insensible que hay entre los perros.

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