Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

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(Sale TURIO.) Decidme ahora, Proteo: ¿qué queríais conmigo?
     PROTEO. -Mi apreciable señor: Si hubiera de cumplir las leyes de la amistad, lo que tengo que revelaros permanecería en el silencio. Pero pensando en la cariñosa acogida con que, aunque indigno, os habéis dignado honrarme, mi conciencia me obliga a descubrir un secreto, que de otro modo ni por todos los tesoros del mundo habría revelado. Sabed, digno príncipe, que Valentín, mi amigo, intenta robaros esta noche a vuestra hija, habiéndome hecho entrar en la confidencia del complot. Como sé que pensáis dar la mano de vuestra encantadora hija a Turio -aunque ella no le quiere-, me imagino que, si os la robaran, sería un golpe terrible para vuestra vejez. He aquí por qué os lo comunico.
     DUQUE. -Proteo, os agradezco profundamente vuestra leal solicitud y sabré, recompensarla: disponed de mí mientras viva. Varias veces he sospechado que existía ese amor entre ellos, a pesar de que creían adormecida mi prudencia, y hasta he pensado desterrar a Valentín de la compañía de mi hija y de la corte. Pero temiendo que mis sospechas fueran infundadas y no atreviéndome a deshonrar injustamente a un hombre -desgracia que he podido evitar hasta ahora-, seguí mostrándole buen semblante hasta descubrir lo que me acabáis de revelar. Prueba de mis temores es que, conociendo lo fácil de extraviar a la juventud, he hecho que mi hija habite una torre elevada del palacio, de la cual llevo siempre la llave encima. Afortunadamente, ninguna evasión hay que temer.
     PROTEO. -Sí, la hay, noble señor. Sabed que todo está preparado para que asalte él la ventana de su aposento y haga descender a vuestra hija por una escala de cuerdas. De esta escala se halla provisto ya el tierno enamorado y no tardará un instante sin que le veáis pasar por aquí. Podéis cortarle el paso, pero con cierta habilidad, querido señor, para que no sospeche la revelación que os acabo de hacer, debida no a rencor a mi amigo, sino a afecto hacia vos.
     DUQUE. -Os juro por mi honor que jamás os descubriré.
     PROTEO. -Adiós, señor. Valentín se acerca. (Sale. Entra VALENTÍN.)
     DUQUE. -Señor Valentín, ¿adónde tan aprisa?
     VALENTÍN. -Con permiso de Vuestra Gracia; me aguarda un mensajero para llevar unas cartas a mis amigos y voy a entregárselas.
     DUQUE. -¿Son muy importantes?
     VALENTÍN. -No expresan otra cosa que mi estado de salud y la ventura que disfruto en vuestra corte.

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