Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

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» Todo admirablemente preparado, y aquí la escala que debe servir para la evasión. (Colérico.) ¡Ah! ¡Ah! Faetón -porque eres hijo de Merops-, ¿aspiras a guiar el celeste carro, como cochero, y con tu loca audacia quieres abrasar el mundo? ¿Pretendes elevarte hasta los astros porque ellos te presten su luz? ¡Fuera, vil intruso, esclavo vanidoso! Comparte con tus iguales tus falsas sonrisas. Y agradece a mi paciencia, más que a tu mérito, el privilegio de dejarte partir. Agradécelo más que otros favores que te he concedido. Pero no permanezcas en mis territorios un minuto más, pues juro por el Cielo que como no abandones mis estados lo antes posible, mi cólera excederá en mucho al afecto que sentía por mi hija o por ti. ¡Márchate! ¡No quiero escuchar vanas disculpas! ¡Si aprecias tu vida sal de aquí inmediatamente! (Sale.)
     VALENTÍN. -Y ¿por qué no la muerte antes que tan atroces sufrimientos? Matarme es separarme de mí mismo; y Silvia es mi persona. Desterrarme de su lado es arrancarme de mí mismo... ¡Horrible destierro! ¡Qué luz es luz si no veo a Silvia! ¿Qué placer es placer si Silvia no está a mi lado, a no ser que sueñe que está allí presente y que la imagen de la perfección venga a ser alimento de mi vida? Si de noche no estoy cerca de Silvia no tiene armonía el ruiseñor. Si de día no contemplo a Silvia es todo sombras y el caos para mí. Ella es mi esencia. ¡Yo no puedo vivir sin ser nutrido, iluminado, protegido, sostenido en la vida por su influencia bienhechora! ¿Qué es la sentencia de muerte? Sustraerme a ella no es escapar de ella. Si me quedo, muero. Pero ¿y si me alejo? ¡Me separo de mi propia vida! (Entran PROTEO y LANZA.)
     PROTEO. -¡Aprisa, muchacho! Corre, corre y procura hallarle.
     LANZA. -¡Hola, hola!
     PROTEO. -¿A quién has visto?
     LANZA. -Al que buscamos. No tiene un pelo que no sea de Valentín.
     PROTEO. -¿Eres tú, Valentín?
     VALENTÍN. -No.
     PROTEO. -¿Su sombra?
     VALENTÍN. -Tampoco.
     PROTEO. -¿Qué eres entonces?
     VALENTÍN. -Nada.
     LANZA. -¿Puede hablar la nada? ¿Le pego, mi amo?
     PROTEO. -¿A quién quieres pegar?
     LANZA. -A la nada.
     PROTEO. -¡Guárdate, desdichado!
     LANZA. -Como será darle a la nada, señor, dejadme hacer...
     PROTEO. -¡Cállate, bergante!... Amigo Valentín, una palabra.
     VALENTÍN. -Mis oídos están cerrados; tantas malas noticias han escuchado que no pueden oír las buenas.
     PROTEO.

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