Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

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     PROTEO. -A Silvia, sí, por vuestro amor.
     TURIO. -Muchísimas gracias. (A los músicos.) Ea, señores; templad esos instrumentos, y en seguida manos a la obra. (Entran el POSADERO y JULIA, quedando a distancia. JULIA viene vestida de paje.)
     POSADERO. -(A JULIA.) Vaya, joven huésped, parece que estáis muy triste. ¿A qué se debe?
     JULIA. -Pardiez, hostelero, a que no puedo alegrarme.
     POSADERO. -Vamos, distraeos. Os conduciré adonde oigáis música y encontréis al caballero que buscáis.
     JULIA. -Pero ¿le oiré hablar?
     POSADERO. -Seguramente.
     JULIA. -Pues él será para mí la música. (Suena la música.)
     POSADERO. -¡Oíd! ¡Oíd!
     JULIA. -¿Estará entre ésos?
     POSADERO. -Sí; pero... ¡Silencio! Escuchemos.


Canción
                              
¿Quién es Silvia, y por qué a tantos

          hace de amor suspirar?

¿Quién es Silvia, que consigue

          de todos hacerse amar?

La dama pura y hermosa

          fragante como una rosa.

     

Tiene gracias a millares

          y es su rostro angelical.

Pero ¿qué son sus encantos,

          conociendo su bondad?

Para realzar su candor

          reina en sus ojos amor.

     

          Cantemos todos a Silvia,

a sus dones y ternura.

Rindámosle pleitesía

por su exquisita hermosura,

pues nadie al verla a su lado

no se siente enamorado.


     POSADERO. -¡Eh, eh! Os veo más triste que antes. ¿Qué os pasa, hombre? ¿Os hace daño la música?
     JULIA. -Os engañáis. Quien me hace daño es el músico.
     POSADERO. -¿Por qué?
     JULIA. -Porque se porta falsamente.
     POSADERO. -¡Cómo! ¿Da notas falsas?(4).
     JULIA. -Tan falsas que hacen estremecer hasta las fibras de mi corazón.
     POSADERO. -Tenéis un oído muy delicado.
     JULIA. -Pues quisiera ser sorda.
     POSADERO. -Veo que no os gusta la música.
     JULIA. -Jamás... cuando hay en ella tales disonancias.
     POSADERO. -¡Escuchad! Es un bonito cambio de tono.
     JULIA. -El cambio es lo que menos me gusta.
     POSADERO. -¿Había que tocar siempre lo mismo?
     JULIA. -Debiera limitarse a lo justo. Bueno, señor, ese Proteo de quien hablamos, ¿viene con frecuencia a ver a esa noble dama?
     POSADERO. -Lanza, su criado, me ha dicho que está loco perdido por ella.
     JULIA. -¿Dónde está Lanza?
     POSADERO. -Ha ido en busca de un perro que, por orden de su amo, debe ofrecer mañana como presente a la señora de sus pensamientos.
     JULIA. -¡Chist! Silencio. La compañía se separa.
     PROTEO. -Señor Turio, no temáis; patrocinaré tan bien vuestra causa, que os quedaréis admirado.
     TURIO. -¿Dónde nos volveremos a ver?
     PROTEO. -Junto al pozo de San Gregorio.
     TURIO. -Adiós. (Salen TURIO y los músicos. Entra SILVIA, arriba, en el balcón.)
     PROTEO. -(A SILVIA.) Señorita, buenas noches tenga vuestra señoría.
     SILVIA. -Gracias por vuestra serenata, señores.

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