Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

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-¡Amanecer! ¡Esta noche es la más larga y penosa que he pasado en mi vida! (Salen.)


Escena III
El mismo lugar
Entra EGLAMUR
     EGLAMUR. -Es la hora en que me ha suplicado Silvia que la llamase para conocer sus intenciones. Sin duda me necesita para algo importante. (Llamando.) ¡Señora! ¡Señora! (Entra SILVIA, arriba en la ventana.)
     SILVIA. -¿Quién es?
     EGLAMUR. -Vuestro amigo y servidor, que viene a recibir las órdenes de vuestra señoría.
     SILVIA. -Mil veces bien venido, señor Eglamur.
     EGLAMUR. -Salúdoos con respeto, digna señora; y consecuente con los mandatos de vuestra señoría, he venido a la hora del alba a saber el servicio que hayáis tenido a bien encomendarme.
     SILVIA. -¡Oh, Eglamur! Eres todo un caballero -y no creas que es adulación- valiente, discreto, compasivo. No ignoras mi amor por Valentín, a quien acaban de desterrar, ni que mi padre quiere obligarme a que me despose con el vacuo Turio, a quien aborrezco con toda mi alma. Tú has amado, y te he oído decir que el día que viste morir a tu amada esposa se apoderó de tu corazón un dolor tan intenso, que hiciste voto de pura castidad sobre su tumba. Señor Eglamur, quiero ir a reunirme con Valentín a Mantua, en donde me aseguran que reside; y como es peligroso pasar por el camino, deseo tu noble compañía, en cuya fe y honor confío. No me arguyas la cólera de mi padre, Eglamur. Piensa, al contrario, en mi dolor, en el dolor de una mujer, y en que mi fuga está justificada por sustraerme a un culpable enlace, digno de las maldiciones del Cielo y del Destino. Te ruego, con todo el ardor de un alma tan llena de dolores como el océano de arenas, que consientas en acompañarme. Si no, guárdame el secreto y me arriesgaré a partir sola.
     EGLAMUR. -Señora: os compadezco sinceramente por vuestros pesares. Vuestra virtud aprueba los motivos de vuestra aflicción. Os acompañaré. Importándome poco lo que pueda sobrevenirme con tal de que realicéis vuestros deseos. ¿Cuándo queréis partir?
     SILVIA. -Esta noche.
     EGLAMUR. -¿Dónde iré a encontraros?
     SILVIA. -A la celda de fray Patricio, donde recibiré santa confesión.
     EGLAMUR. -No faltaré a vuestra señoría. Feliz madrugada, noble señora.
     SILVIA. -Feliz madrugada, caballero Eglamur.


Escena IV
El mismo lugar
Entra LANZA con su perro
     LANZA. -¡He aquí lo que son las cosas! Cuando un criado se porta con su amo como un perro, todo va mal.

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