Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

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Más vale no tener fe que tenerla doble, porque sobra una, traidor a tu mejor amigo.
     PROTEO. -¿Quién respeta la amistad en amor?
     SILVIA. -Todos los hombres, menos tú.
     PROTEO. -¡Pues bien! Puesto que palabras de cariño no bastan para que me tengas sentimientos más afectuosos, triunfaré de ti a lo soldado, a punta de espada y fuera del verdadero amor. ¡A la fuerza!
     SILVIA. -¡Cielos!
     PROTEO. -¡Te obligaré a rendirte a mis deseos!
     VALENTÍN. -(Apareciendo.) ¡Rufián! ¡Falso y miserable amigo! ¡Aparta esas manos!
     PROTEO. -¡Valentín!
     VALENTÍN. -¡Amigo vulgar, sin afecto ni fe! ¡Como todos! ¡Traidor, como todos los hombres! Has burlado mis esperanzas. ¡Hubiera necesitado verlo con mis propios ojos para creerlo! ¡Ya no me atreveré a decir que tengo un solo amigo en el mundo! ¿De quién fiarse, cuando la mano derecha ha vendido al corazón? Proteo, no te llames más mi amigo. Por ti me veo obligado a levantar entre el mundo y yo una barrera. Las heridas íntimas son las más profundas. ¡Horas de maldición! ¡De todos los enemigos ha de ser un amigo el peor!
     PROTEO. -¡Me anonadan mi crimen y mi vergüenza! ¡Perdóname, Valentín! Si un dolor verdadero es bastante para expiar mi falta, te lo ofrezco aquí mismo. ¡La amargura de mis remordimientos iguala a mi crimen!
     VALENTÍN. -Entonces, todo está reparado y te devuelvo mi confianza. Quien no se satisface con el arrepentimiento no es del Cielo ni de la Tierra, porque Cielo y Tierra perdonan. La penitencia aplaca la cólera del Eterno. Y pues mi afecto aparece franco y libre, todo cuanto te tuve torno a entregártelo en honor de Silvia.
     JULIA. -¡Desgraciada de mí! (Desmayándose.)
     PROTEO. -¿Qué le pasa a este mozo?
     VALENTÍN. -¡Ea, joven! ¿Qué es eso, muchacho? ¿Qué os sucede? Abrid los ojos... Hablad.
     JULIA. -¡Oh, buen señor! Mi amo me mandó entregar una sortija a la señorita Silvia y me he olvidado.
     PROTEO. -¿Dónde está esa sortija, joven?
     JULIA. -Aquí; tomad. (Dándole una sortija.)
     PROTEO. -A ver... ¡Cómo! ¡El anillo que di a Julia!
     JULIA. -Dispensadme, señor; me equivoqué. Aquí está la sortija que mandasteis a Silvia. (Presentándole otra sortija.)
     PROTEO. -Pero ¿cómo puedes tú tener esta sortija?... Es la que a mi partida di a Julia.
     JULIA. -(Descubriéndose.) Y Julia me la dio y Julia en persona es quien la trae.
     PROTEO. -¡Cómo! ¡Julia!
     JULIA. -¡Reconoce a aquella a quien has hecho tantos juramentos y los ha guardado religiosamente en su corazón! ¡Cuántas veces los has profanado con falsedades! ¡Oh, Proteo! Haga este vestido que te avergüences.

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