Macbeth (William Shakespeare) Libros Clásicos

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infierno, estaría siempre dándole a la llave.

Llaman.

¡Pum, pum! ¿Quién es, en nombre de Belcebú? Un agricultor que se ahorcó ante la
expectativa de grandes cosechas. Llegas a punto. Que no te falten pañuelos que aquí
vas a sudarla.

Llaman.

¡Pum, purr! ¿Quién es, en nombre del otro diablo? Seguro que un equivoquista ,
que juraba a cada lado de la balanza contra el otro, que cometió gran traición por el
amor de Dios y cuyos equívocos no le abrieron el cielo. Vamos, pasa, equivoquista.

Llaman.

¡Pum, pum! ¿Quién es? Seguro que un sastre inglés, que está aquí por sisar tela de
un calzón francés. Pasa, sastre, que aquí puedes asar tu plancha.

Llaman.

¡Pum, pum! No descansa. ¿Quién eres tú? - Esto es demasiado frío para ser el
infierno. No voy a hacer más de portero del diablo: pensaba dejar entrar a gente de
todos los oficios que va a la hoguera eterna por la senda florida.

Llaman.

Ya voy, ya voy.

Entran MACDUFF y LENNOX.

Dad algo al portero, Dios os lo pague.

MACDUFF
¿Tan tarde te acostaste, amigo,
que tan tarde te levantas?
PORTERO
Pues, señor, estuvimos de juerga hasta el segundo canto del gallo y, señor, la bebida
provoca tres cosas.
MACDUFF
¿Qué tres cosas provoca especialmente la bebida?
PORTERO
Pues, señor, nariz roja, sueño y orina. Señor, provoca y desprovoca la lujuria:
provoca el deseo, pero impide gozarlo. Por tanto, se puede decir que beber
demasiado le crea un equívoco a la lujuria: la hace y la deshace, la excita y la
aplaca, la anima y la abate, la pone a su altura y no la pone. Al final, el equívoco se
va al sueño y te deja tumbado.
MACDUFF
Pues esta noche la bebida te ha tumbado a ti.
PORTERO
¡Vaya que sí, señor! Y me atacó por la garganta. Pero yo me desquité y, siendo, creo
yo, más fuerte que ella, aunque alguna vez me doblara las piernas, yo me las apañé

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