Macbeth (William Shakespeare) Libros Clásicos

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un informante. Mañana, y bien temprano,
iré a ver a las Hermanas Fatídicas.
Quiero saber más; estoy decidido
a oír lo peor por el peor medio.
Nada ha de estorbarme. Estoy tan adentro
en un río de sangre que, si ahora me estanco,
no será más fácil volver que cruzarlo.
Llevo en la cabeza ideas extrañas
que han de ejecutarse antes de estudiarlas.
LADY MACBETH
Te falta la sal de la vida, el sueño.
MACBETH
Vamos a dormir. Sólo es mi quimera
temor de novicio: le falta experiencia.
En acción aún somos nuevos.

Salen.


III.v Truenos. Entran las tres BRUJAS al encuentro de HÉCATE.

BRUJA I.a
Estás airada, Hécate. ¿Qué pasa?
HÉCATE
¿Y no hay motivo, viejas harapientas?
Pues, ¿cómo habéis tenido la insolencia
de tratar con Macbeth para moverle
con enigmas y pláticas de muerte
y yo, divinidad de vuestros ritos,
y secreta urdidora de perjuicios,
nunca he sido llamada a tener parte
ni dar gloria y honor a nuestro arte?
Y lo peor es que sólo habéis logrado
trabajar al servicio de un reacio,
rencoroso y brutal que, como todos,
no os ama más que en beneficio propio.
Ahora, pues enmienda os corresponde,
partid y, junto al pozo de Aqueronte ,
buscadme de mañana, que allí mismo
él irá a preguntaros su destino.
Aprestad los calderos, los encantos,
los conjuros y todo to obligado.
Asciendo al aire: pienso dedicar
esta noche a un propósito fatal.
El día grandes cosas nos anuncia.
Ahora pende de un cuerno de la luna
una gota espumosa de gran magia;
me he propuesto cogerla cuando caiga.
Destilada por métodos ocultos,
invocará a espíritus astutos
que, en virtud de su equívoca ilusión,
le hundirán en la ruina y perdición.
Despreciando la muerte, el propio sino,
confiará sin temor, piedad ni juicio:
La despreocupación, lo sabéis ya,

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