Ricardo II (William Shakespeare) Libros Clásicos

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mantenerlo sobre su ruin vida,
que él tramó la muerte del Duque de Gloucester,
tentó a sus bien dispuestos enemigos
y después, cual cobarde y vil traidor,
vació su alma inocente en un río de sangre
que, como la del inmolante Abel,
desde las fosas mudas de la tierra
a mí clama justicia y duro castigo.
Por mi clara estirpe y por su valía,
que lo hará mi brazo o cesará mi vida.
RICARDO
De muy alto vuelo es su decisión.
Tomás de Mowbray, ¿qué dices a esto?
MOWBRAY
Que mi soberano desvíe la mirada
y por un momento haga oídos sordos
hasta que le diga a esta infamia de su sangre
cuánto odian Dios y el hombre a un vil embustero.
RICARDO
Mowbray, imparciales son mis ojos y oídos.
Aunque él fuera mi hermano o el príncipe heredero,
y no el hijo del hermano de mi padre,
juro por la obediencia debida a mi cetro
que la proximidad a mi sagrada sangre
en nada ha de torcer o perturbar
la erguida firmeza de mi rectitud.
Igual que tú, Mowbray, él es mi vasallo;
habla libremente: no tengas reparo.
MOWBRAY
Entonces, Bolingbroke, desde el fondo del pecho
hasta tu falaz garganta, mientes.
Tres partes de lo que recibí para Calais
las pagué debidamente a los soldados.
Me quedé con la otra parte por acuerdo,
pues conmigo estaba en deuda nuestro rey
por el resto de una cuenta de valor
desde que de Francia le traje a su esposa.
Trágate tu mentira. Respecto a Gloucester,
yo no le maté, aunque, para mi deshonra,
descuidé mi lealtad en este caso. -
En cuanto a vos, mi señor de Lancaster
y honorable padre de mi enemigo,
una vez os quise matar en emboscada,
pecado que atormenta mi conciencia.
Pero antes de tomar el sacramento
yo lo confesé, y expresamente pedí
vuestro perdón, que espero haber tenido.
Ésta es mi culpa. Las demás imputaciones

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