Ricardo II (William Shakespeare) Libros Clásicos

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emanan del rencor de un depravado,
de un traidor degenerado y cobarde;
lo cual defenderé con valentía,
y en respuesta arrojo aquí mi guante
a los pies de este fatuo desleal
para probar mi fe de caballero
haciéndole verter su mejor sangre.
Vivamente pido, pues siento impaciencia,
que mi rey señale el día de la prueba.
RICARDO
Airados señores, haced lo que os diga:
purgad vuestra bilis sin sacaros sangre.
Ésta es mi receta, aunque no sea médico,
que el hondo rencor saja muy adentro.
Haya olvido, paz, perdón y armonía:
no es mes, dice el sabio, para las sangrías.
Buen tío, que todo vuelva a su principio.
Yo calmo al Duque de Norfolk; tú, a tu hijo.
GANTE
El pacificar, bien le cuadra a un viejo.
El guante del duque, hijo, tira al suelo.
RICARDO
¡Mowbray, tira el suyo!
GANTE
Enrique, ¿te obstinas?
La obediencia manda que no lo repita.
RICARDO
¡Arrójalo, Mowbray! Te lo manda el rey.
MOWBRAY
Yo me arrojo, Majestad, a vuestros pies.
Mandáis en mi vida, pero no en mi honor.
Mi vida se os debe; mi buen nombre, no,
pues, cuando yo muera, sobrevivirá,
y para el oprobio no os lo voy a dar.
Me acusan, me afrentan, me hieren el alma
con el dardo venenoso de la infamia,
cuya sola cura es la sangre del pecho
que exhala ponzoña.
RICARDO
La ira frenemos.
Dame el guante: el león doma al leopardo.
MOWBRAY
Sin cambiar sus manchas. Quitadme el agravio
y entregaré el guante. Mi amado señor,
en nuestra existencia la joya mayor
es un nombre limpio. Si nos lo arrebatan,
el hombre no es más que arcilla dorada.
Un ánimo audaz en un pecho honrado
es gema en un cofre diez veces cerrado.
Mi honor es mi vida; con ella florece.
Quitadme el honor y mi vida muere.
Permitid, buen rey, que mi honor defienda;
si vivo con él, por él yo perezca.

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