Ricardo II (William Shakespeare) Libros Clásicos

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RICARDO
Vamos, primo, tira el guante. Tú primero.
BOLINGBROKE
¡Dios me libre de pecado tan horrendo!
¿He de quedar encogido ante mi padre
o empañar mi rango ante este cobarde
cual triste mendigo? Antes que mi lengua
injurie mi honor con esa flaqueza
o con tregua innoble, arranquen mis dientes
el órgano abyecto del temor que cede
y sangrando se lo escupa con su mancha
al rostro de Mowbray, cubil de la infamia.

Sale GANTE.

RICARDO
Nací para mandar, no para pedir
y, pues no consigo poneros a bien,
presentaos, porque en ello os va la vida,
el día de San Lamberto en Coventry.
Decidan allí la lanza y el hierro
el crudo litigio de un odio tan fiero.
Pues no puedo uniros, dicte la justicia
quién gana este duelo de caballería.
Lord Mariscal, que el rey de armas prepare
cuanto es de rigor para este combate.

Salen.

I.ii Entra Juan de GANTE con la DUQUESA DE GLOUCESTER.

GANTE
Ah, ser yo de la sangre de Gloucester
me mueve mucho más que tus lamentos
a entrar en acción contra sus asesinos.
Mas, ya que el correctivo está en las manos
de quien hizo el mal que no podemos corregir,
confiemos nuestra causa a la voluntad del cielo,
que, cuando vea la tierra en sazón,
hará llover su venganza sobre los culpables.
DUQUESA DE GLOUCESTER
¿No tiene espuela más viva la fraternidad?
¿Ya no arde el amor en tu vieja sangre?
Los siete hijos de Eduardo , de los que eres uno,
eran como siete vasos de su santa sangre
o siete hermosas ramas de una misma raíz.
A algunas las ha marchitado la naturaleza,
a otras las ha cortado el destino,
pero a Tomás, mi amado esposo, mi vida, mi Gloucester,
vaso lleno de la santa sangre de Eduardo,
rama florida de su muy regio tronco,
lo ha quebrado, y vertido el rico licor,
lo ha partido, y secado sus hojas de estío,

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