Ricardo II (William Shakespeare) Libros Clásicos

Página 7 de 68

la mano del odio y el hacha sangrienta del crimen.
¡Ah, Gante! Su sangre era tuya. El lecho, el vientre,
la carne, el molde que a ti te formó
a él le hizo un hombre y, aunque vives y alientas,
estás muerto en él. En gran medida
consientes en la muerte de tu padre
al ver morir a tu desdichado hermano,
que era la viva estampa de tu padre.
No lo llames paciencia, Gante: es desesperanza.
Al permitir que a tu hermano hayan matado,
arriesgas el camino de tu vida
enseñando al rudo crimen a matarte.
Lo que en un ser común llamamos paciencia,
en un pecho noble es ruin cobardía.
¿Qué voy a decirte? Para salvar tu propia vida
lo mejor es vengar la muerte de mi Gloucester.
GANTE
De Dios es el pleito, pues Su delegado,
ungido que fue ante Sus ojos,
ha causado esta muerte; si fue injusta,
vénguela el cielo, pues yo no alzaré
ningún brazo airado contra Su ministro.
DUQUESA DE GLOUCESTER
Entonces, ¡ay de mí!, ¿ante quién puedo quejarme?
GANTE
Ante Dios, paladín y defensa de la viuda.
DUQUESA DE GLOUCESTER
Pues lo haré. Adiós, anciano Gante.
Vas a Coventry, a presenciar la lucha
de mi sobrino Hereford y el fiero Mowbray.
¡Ah, pon mis agravios en la lanza de Hereford,
que traspase el pecho asesino de Mowbray!
O, si falla en la primera embestida,
pesen tanto en su pecho los pecados de Mowbray
que deslomen su corcel espumeante
y lancen al jinete a la palestra de cabeza,
quedando el vil cobarde a merced de nuestro Hereford.
Hermano, adiós: esta viuda de tu casta
morirá con el dolor que la acompaña.
GANTE
Adiós, hermana. Yo a Coventry he de ir.
Dios quede contigo, y que me asista a mí.
DUQUESA DE GLOUCESTER
Sólo dos palabras. Al caer, el dolor bota,
y no del vacío, sino por su peso.
Me despido antes de hablarte, pues la pena
no se acaba cuando nos parece muerta.

Página 7 de 68
 

Paginas:
Grupo de Paginas:       

Compartir:




Diccionario: