Ricardo II (William Shakespeare) Libros Clásicos

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y le reta a emprender este combate.
HERALDO 2.°
Y comparece Tomás Mowbray, Duque de Norfolk,
bajo pena de perjurio y felonía,
para defenderse y demostrar
que Enrique de Hereford, Lancaster y Derby
es traidor a Dios, al rey y a sí mismo.
Animoso y con noble deseo
aguarda la señal para empezar.
LORD MARISCAL
¡Suenen los clarines y avancen los rivales!

Toque de clarines.

¡Alto! ¡El rey ha arrojado su vara!
RICARDO
Que los dos dejen sus cascos y sus lanzas
y vuelvan a ocupar sus asientos. –
Reunámonos, y suenen los clarines
hasta que informe a los duques de nuestra decisión.

Toque de clarines prolongado.

Acercaos y escuchad
lo que nos y el Consejo hemos dispuesto.
Porque la tierra de mi reino no se manche
con la querida sangre que ha nutrido,
porque repugna a mis ojos contemplar
heridas labradas con acero de hermanos,
por cuanto creo que el vuelo altivo
de miras ambiciosas que aspiran al cielo
os incita en vuestro encono de rivales
a despertar la paz que en la cuna de la patria
respira como un niño el grato sueño,
y como el estruendo de tambores discordantes,
la horrísona estridencia de trompetas
y el chocar del colérico hierro
ahuyentarían la hermosa paz de este país
y nos harían vadear en sangre de familia,
os destierro a los dos de mis dominios. –
Tú, primo Hereford, bajo pena de muerte,
hasta que diez estíos adornen los campos,
no volverás a saludar mis territorios
y hollarás la senda extraña del destierro.
BOLINGBROKE
Cúmplase vuestro deseo. Me consuela
que habrá de alumbrarme el sol que os calienta
y que los dorados rayos que él os da
también mi destierro habrán de dorar.
RICARDO
Norfolk, para ti la condena es aún más dura
y la dicto con cierto disgusto.
Las horas furtivas y lentas no pondrán fin
al transcurso de tu duro destierro.
El desconsolador «nunca volverás»

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