Ricardo II (William Shakespeare) Libros Clásicos

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bajo pena de muerte contra ti pronuncio.
MOWBRAY
Dura es la sentencia, mi augusto señor,
y no la esperaba yo de vuestros labios.
Mejor recompensa, y no la honda herida
de ser arrojado al aire común,
creo haber merecido de Vuestra Majestad.
La lengua que he aprendido estos cuarenta años,
mi inglés materno, he de abandonar,
y ya no me será de más provecho
que una viola o un arpa sin cuerdas
o un ingenioso instrumento en su caja,
o que, abierta ésta, es puesto en manos
de quien no sabe sacarle armonías.
En mi boca encarceláis mi lengua
con la doble reja de dientes y labios,
y la torpe ignorancia, yerma e insensible,
será la carcelera que me guarde.
A mi edad no voy a complacer a la nodriza
y tengo muchos años para ser alumno.
Si no muerte muda, ¿qué es vuestra sentencia
que el materno aliento prohíbe a mi lengua?
RICARDO
Pedir compasión de nada te vale:
tras esta sentencia plañir viene tarde.
MOWBRAY
Atrás dejo entonces el sol de mi tierra:
viviré en las sombras de la noche eterna.
RICARDO
Retorna y presta juramento. -
Poned vuestras manos sobre mi real espada.
Por la obediencia que debéis al cielo
- y mi parte la destierro con vosotros -,
jurad que cumpliréis lo que ahora os mando:
que, por Dios y vuestra fe, jamás
procuraréis vuestra amistad en el destierro,
ni os miraréis a la cara el uno al otro,
ni os escribiréis, saludaréis, ni calmaréis
la hosca tempestad de vuestro encono,
y nunca os reuniréis expresamente
para intrigar, tejer o urdir un mal
contra mí, mi Estado, mis vasallos o mi tierra.
BOLINGBROKE
Lo juro.
MOWBRAY
Yo también juro cumplirlo.
BOLINGBROKE
Norfolk, te hablo a ti como rival:
si el rey lo hubiera permitido, a estas horas
tu alma o la mía vagaría por el aire
desterrada de este frágil sepulcro de la carne,

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