Ricardo II (William Shakespeare) Libros Clásicos

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que tenga el privilegio de vivir .
Y, como estas empresas requieren un gasto,
para atenderlas procedo a confiscar
la plata, monedas, rentas y efectos
que han sido propiedad de mi tío Gante.
YORK
¿Hasta cuándo he de sufrirlo? ¿Hasta cuándo
por lealtad tendré que soportar agravios?
Ni la muerte de Gloucester, ni el destierro de Hereford,
las ofensas a Gante, los perjuicios al pueblo,
ni el impedirle al pobre Bolingbroke
su matrimonio , ni la propia vergüenza
me han agriado nunca el paciente rostro,
ni arrugado mi frente contra el rey.
Soy el último hijo del noble Eduardo;
vuestro padre, el Príncipe de Gales, el primero.
Ningún león rugió más fiero en la guerra,
ni jamás hubo cordero más dulce en la paz
que aquel joven príncipe tan caballeroso.
Tenéis su semblante, pues se os parecía
cuando contaba vuestros años.
Mas él fruncía el ceño a los franceses,
no a los suyos. Su noble mano gastaba
lo ganado, jamás lo que ganó
la triunfante mano de su padre.
Sus manos no manchó con sangre de parientes,
mas desangró a los enemigos de su estirpe.
¡Ah, Ricardo! York está sumido en el pesar,
que, si no, no os habría comparado.
RICARDO
Pero, tío, ¿qué sucede?
YORK
Majestad, perdonadme
si os complace; si no, me complacerá
no ser perdonado y quedaré conforme.
¿Pretendéis acaparar en vuestras manos
los fueros y derechos del desterrado Hereford?
¿No ha muerto Gante? ¿No vive Hereford?
¿No fue leal Gante? ¿No es fiel Enrique?
¿No merecía Gante un heredero?
¿Y acaso no es Enrique un hijo digno?
Quitadle sus derechos y quitaréis al tiempo
sus privilegios y fueros consagrados.
Entonces que el mañana no suceda al hoy.
No seáis vos mismo, pues, ¿cómo sois rey
si no es por ordenada sucesión?
Ante Dios - y no quiera Dios que sea verdad -,
que si anuláis torcidamente sus derechos,
revocáis cuantas patentes le facultan
para, mediante sus procuradores,

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