Ricardo II (William Shakespeare) Libros Clásicos

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Esta tierra sentirá y estas piedras
se armarán como soldados antes que su rey
se doblegue bajo armas de insurrectos.
OBISPO DE CARLISLE
No lo dudéis, señor. El poder que os hizo rey
tiene el poder de manteneros rey pese a todo.
Los medios que brinda el cielo deben aceptarse,
no desatenderse. Si el cielo quisiera
y nosotros, no, sería rechazar
su ofrecimiento de ayuda y alivio.
AUMERLE
Señor, quiere decir que nos hemos descuidado
mientras Bolingbroke, por nuestra despreocupación,
se agranda y crece en medios y en poder.
RICARDO
Primo derrotista, ¿no sabes que, cuando
se oculta el ojo escrutador del cielo
por detrás del mundo y alumbra el otro lado,
vagan en las sombras ladrones y bandidos
resueltos al crimen y al furor
y que, cuando, surgiendo bajo el globo,
inflama las copas de los pinos del oriente
y arroja su luz a los antros culpables,
los crímenes, traiciones y pecados,
despojados del manto de la noche,
se quedan desnudos, temblando ante sí mismos?
Así, cuando el ladrón, el traidor de Bolingbroke,
que ha estado recreándose en la noche
mientras yo caminaba en las antípodas,
me vea surgir en mi trono del oriente,
sus traiciones le harán enrojecer,
incapaz de resistir la luz del día,
Y ante sí temblará por su pecado.
Ni toda el agua del áspero mar
puede quitar el óleo a un rey ungido.
El aliento de un mortal no puede deponer
al delegado elegido por Dios.
Por cada hombre que reclute Bolingbroke
para alzar el hierro contra mi corona de oro,
el Señor tiene un ángel a sueldo celestial
para su rey. Pues Dios lo justo defiende,
cuando lucha un ángel, los hombres perecen.

Entra SALISBURY.

Sé bienvenido. ¿A qué distancia están tus fuerzas?
SALISBURY
Ni más cerca ni más lejos, Majestad,
que este débil brazo. El desánimo guía mi lengua
y sólo me hace hablar de abatimiento.
Temo, mi señor, que un día de retraso

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