Ricardo II (William Shakespeare) Libros Clásicos

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que sirve de masa y cubierta a nuestros restos.
Por Dios, sentémonos en tierra a contarnos
historias tristes de la muerte de los reyes;
depuestos unos, otros matados en la guerra
o acosados por las sombras de sus víctimas,
o envenenados por su esposa, o muertos en el sueño,
todos asesinados. Pues en la hueca corona
que ciñe las sienes mortales de un rey
tiene su corte la Muerte, y allí, burlona,
se ríe de su esplendor, se mofa de su fasto,
le concede un respiro, una breve escena
para hacer de rey, dominar, matar con la mirada;
le infunde un vano concepto de sí mismo,
cual si esta carne que amuralla nuestra vida
fuese bronce inexpugnable; y así, de este humor,
llega por fin, con una aguja perfora
el muro del castillo y, ¡adiós rey!
Cubríos, y no os burléis con grave reverencia
de lo que sólo es carne y hueso. ¡Fuera respeto,
tradición, formas y lealtad ceremoniosa,
pues conmigo siempre os engañasteis!
Yo vivo de pan como vosotros, siento privaciones
y dolor, necesito amigos. Así, tan sometido,
¿cómo podéis decirme que soy rey?
OBISPO DE CARLISLE
Señor, el sabio no se sienta a lamentar sus penas,
sino que al punto evita el camino del lamento.
Pues el miedo quita fuerza, temer al enemigo
en vuestra debilidad le da más fuerza
y así vuestra torpeza lucha contra vos.
Temer es ser muerto; peor no ocurre en combate.
Morir luchando es muerte matando muerte;
vivir temiéndola es vivir servilmente.
AUMERLE
Buscad a mi padre, él tiene un ejército,
y aprended a hacer un cuerpo con un miembro.
RICARDO
Sabes reprenderme. - Bolingbroke altivo,
pelearemos y hablará nuestro destino.
Este escalofrío de miedo ha cesado.
Recobrar lo nuestro es fácil trabajo.
Dime, Scroop, ¿dónde está mi tío con su ejército?
Aunque estés adusto, habla con afecto.
SCROOP
La apariencia del cielo nos señala
el estado y la disposición del día;
de igual modo, mi grave rostro proclama

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