Ricardo II (William Shakespeare) Libros Clásicos

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por el pórtico encendido del oriente
cuando ve que las adversas nubes
enturbian su gloria y eclipsan la senda
de su ardiente carrera hacia el ocaso.
YORK
Mas se muestra como un rey. Mirad, sus ojos,
brillantes cual los del águila, irradian
poderosa majestad. ¡Ah, qué pena
si un mal fuese a deslucir tan bella escena!
RICARDO [a NORTHUMBERLAND]
Estoy asombrado, y aún sigo esperando
a que dobles la rodilla temeroso,
ya que me considero tu legítimo rey.
Si lo soy, ¿cómo osan tus miembros olvidar
el temor y acatamiento a mi persona?
Si no, muéstrame qué mano divina
ha firmado mi destitución, pues sé bien
que ninguna mano de carne y hueso
podría empuñar mi cetro sagrado
sino con sacrilegio, usurpación y robo.
Y aunque creas que todos, cual tú has hecho,
han pecado en su cambio de lealtades
y que ahora estoy abandonado y sin amigos,
sabe esto: mi amo, Dios omnipotente,
en mi favor está reuniendo en las alturas
ejércitos de plagas que caerán
sobre los hijos por nacer o concebir
de los que alcéis las manos vasallas contra nos
y amenacéis la majestad de mi corona.
Dile a Bolingbroke - creo que ahí aguarda –
que cada paso que dé sobre mi tierra
será traición peligrosa. Ha venido a abrir
el rojo testamento de la guerra sangrienta,
mas, antes que ciña en paz la ansiada corona,
diez mil cabezas sangrantes de diez mil hijos
deslucirán la flor del rostro de Inglaterra,
cambiarán el color de su paz inocente
en rúbea indignación y rociarán
la hierba de su pastor con leal sangre inglesa.
NORTHUMBERLAND
¡No quiera el rey de los cielos que el rey
sea asaltado con armas civiles e inciviles!
Vuestro primo Enrique Bolingbroke, tres veces noble ,
os besa la mano humildemente
y jura por la tumba honorable
que guarda los restos de vuestro real abuelo,
por la realeza de vuestra sangre y de la suya,
que mana de un solo y augusto manantial,

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