Romeo y Julieta (William Shakespeare) Libros Clásicos

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se torne audacia, y simple pudor un acto de amantes.
Ven, noche; ven, Romeo; ven, luz de mi noche,
pues yaces en las alas de la noche
más blanco que la nieve sobre el cuervo.
Ven, noche gentil, noche tierna y sombría,
dame a mi Romeo y, cuando yo muera,
córtalo en mil estrellas menudas:
lucirá tan hermoso el firmamento
que el mundo, enamorado de la noche,
dejará de adorar al sol hiriente.
Ah, compré la morada del amor
y aún no la habito; estoy vendida
y no me han gozado. El día se me hace eterno,
igual que la víspera de fiesta
para la niña que quiere estrenar
un vestido y no puede. Aquí viene el ama.

Entra el AMA retorciéndose las manos, con la escalera de cuerda en el regazo.

Ah, me trae noticias, y todas las bocas
que hablan de Romeo rebosan divina elocuencia.
¿Qué hay de nuevo, ama? ¿Qué llevas ahí?
¿La escalera que Romeo te pidió que trajeses?
AMA
Sí, sí, la escalera.

[La deja en el suelo.]

JULIETA
Pero, ¿qué pasa? ¿Por qué te retuerces las manos?
AMA
¡Ay de mí! ¡Ha muerto, ha muerto!
Estamos perdidas, Julieta, perdidas.
¡Ay de mí! ¡Nos ha dejado, está muerto!
JULIETA
¿Tan malvado es el cielo?
AMA
El cielo, no: Romeo. ¡Ah, Romeo, Romeo!
¿Quién iba a pensarlo? ¡Romeo!
JULIETA
¿Qué demonio eres tú para así atormentarme?
Es una tortura digna del infierno.
¿Se ha matado Romeo? Di que sí,
y tu sílaba será más venenosa
que la mirada mortal del basilisco.
Yo no seré yo si dices que sí, o si están
cerrados los ojos que te lo hacen decir.
Si ha muerto di « sí »; si vive, di « no ».
Decirlo resuelve mi dicha o dolor.
AMA
Vi la herida, la vi con mis propios ojos
(¡Dios me perdone!) en su pecho gallardo.

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