Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

Página 16 de 838

arriba, hasta de edad de quince años, que era el que las voces daba; y no
sin causa, porque le estaba dando con una pretina muchos azotes un labrador
de buen talle, y cada azote le acompañaba con una reprehensión y consejo.
Porque decía:

-La lengua queda y los ojos listos.

Y el muchacho respondía:

-No lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios, que no lo haré otra
vez; y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato.

Y, viendo don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo:

-Descortés caballero, mal parece tomaros con quien defender no se puede;
subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza -que también tenía una
lanza arrimada a la encima adonde estaba arrendada la yegua-, que yo os
haré conocer ser de cobardes lo que estáis haciendo.

El labrador, que vio sobre sí aquella figura llena de armas blandiendo la
lanza sobre su rostro, túvose por muerto, y con buenas palabras respondió:

-Señor caballero, este muchacho que estoy castigando es un mi criado, que
me sirve de guardar una manada de ovejas que tengo en estos contornos, el
cual es tan descuidado, que cada día me falta una; y, porque castigo su
descuido, o bellaquería, dice que lo hago de miserable, por no pagalle la
soldada que le debo, y en Dios y en mi ánima que miente.

-¿"Miente", delante de mí, ruin villano? -dijo don Quijote-. Por el sol que
nos alumbra, que estoy por pasaros de parte a parte con esta lanza. Pagadle
luego sin más réplica; si no, por el Dios que nos rige, que os concluya y
aniquile en este punto. Desatadlo luego.

El labrador bajó la cabeza y, sin responder palabra, desató a su criado, al
cual preguntó don Quijote que cuánto le debía su amo. Él dijo que nueve
meses, a siete reales cada mes. Hizo la cuenta don Quijote y halló que
montaban setenta y tres reales, y díjole al labrador que al momento los
desembolsase, si no quería morir por ello. Respondió el medroso villano que
para el paso en que estaba y juramento que había hecho -y aún no había
jurado nada-, que no eran tantos, porque se le habían de descontar y
recebir en cuenta tres pares de zapatos que le había dado y un real de dos
sangrías que le habían hecho estando enfermo.

-Bien está todo eso -replicó don Quijote-, pero quédense los zapatos y las
sangrías por los azotes que sin culpa le habéis dado; que si él rompió el
cuero de los zapatos que vos pagastes, vos le habéis rompido el de su

Página 16 de 838
 

Paginas:
Grupo de Paginas:                                     

Compartir:




Diccionario: