Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

Página 26 de 838

aventuras; que no da lugar a otra cosa la dureza y sequedad de su estilo.
Al corral con él y con esotro, señora ama.

-Que me place, señor mío -respondía ella; y con mucha alegría ejecutaba lo
que le era mandado.

-Éste es El Caballero Platir -dijo el barbero.

-Antiguo libro es éste -dijo el cura-, y no hallo en él cosa que merezca
venia. Acompañe a los demás sin réplica.

Y así fue hecho. Abrióse otro libro y vieron que tenía por título El
Caballero de la Cruz.

-Por nombre tan santo como este libro tiene, se podía perdonar su
ignorancia; mas también se suele decir: "tras la cruz está el diablo"; vaya
al fuego.

Tomando el barbero otro libro, dijo:

-Éste es Espejo de caballerías.

-Ya conozco a su merced -dijo el cura-. Ahí anda el señor Reinaldos de
Montalbán con sus amigos y compañeros, más ladrones que Caco, y los doce
Pares, con el verdadero historiador Turpín; y en verdad que estoy por
condenarlos no más que a destierro perpetuo, siquiera porque tienen parte
de la invención del famoso Mateo Boyardo, de donde también tejió su tela el
cristiano poeta Ludovico Ariosto; al cual, si aquí le hallo, y que habla en
otra lengua que la suya, no le guardaré respeto alguno; pero si habla en su
idioma, le pondré sobre mi cabeza.

-Pues yo le tengo en italiano -dijo el barbero-, mas no le entiendo.

-Ni aun fuera bien que vos le entendiérades -respondió el cura-, y aquí le
perdonáramos al señor capitán que no le hubiera traído a España y hecho
castellano; que le quitó mucho de su natural valor, y lo mesmo harán todos
aquellos que los libros de verso quisieren volver en otra lengua: que, por
mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto
que ellos tienen en su primer nacimiento. Digo, en efeto, que este libro, y
todos los que se hallaren que tratan destas cosas de Francia, se echen y
depositen en un pozo seco, hasta que con más acuerdo se vea lo que se ha de
hacer dellos, ecetuando a un Bernardo del Carpio que anda por ahí y a otro
llamado Roncesvalles; que éstos, en llegando a mis manos, han de estar en
las del ama, y dellas en las del fuego, sin remisión alguna.

Todo lo confirmó el barbero, y lo tuvo por bien y por cosa muy acertada,
por entender que era el cura tan buen cristiano y tan amigo de la verdad,
que no diría otra cosa por todas las del mundo. Y, abriendo otro libro, vio
que era Palmerín de Oliva, y junto a él estaba otro que se llamaba Palmerín

Página 26 de 838
 

Paginas:
Grupo de Paginas:                                     

Compartir:




Diccionario: