Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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morir de ferida alguna. Y ansí, cuando yo le haga y te le dé, no tienes más
que hacer sino que, cuando vieres que en alguna batalla me han partido por
medio del cuerpo (como muchas veces suele acontecer), bonitamente la parte
del cuerpo que hubiere caído en el suelo, y con mucha sotileza, antes que
la sangre se yele, la pondrás sobre la otra mitad que quedare en la silla,
advirtiendo de encajallo igualmente y al justo; luego me darás a beber
solos dos tragos del bálsamo que he dicho, y verásme quedar más sano que
una manzana.

-Si eso hay -dijo Panza-, yo renuncio desde aquí el gobierno de la
prometida ínsula, y no quiero otra cosa, en pago de mis muchos y buenos
servicios, sino que vuestra merced me dé la receta de ese estremado licor;
que para mí tengo que valdrá la onza adondequiera más de a dos reales, y no
he menester yo más para pasar esta vida honrada y descansadamente. Pero es
de saber agora si tiene mucha costa el hacelle.

-Con menos de tres reales se pueden hacer tres azumbres -respondió don
Quijote.

-¡Pecador de mí! -replicó Sancho-. ¿Pues a qué aguarda vuestra merced a
hacelle y a enseñármele?

-Calla, amigo -respondió don Quijote-, que mayores secretos pienso
enseñarte y mayores mercedes hacerte; y, por agora, curémonos, que la oreja
me duele más de lo que yo quisiera.

Sacó Sancho de las alforjas hilas y ungüento. Mas, cuando don Quijote llegó
a ver rota su celada, pensó perder el juicio, y, puesta la mano en la
espada y alzando los ojos al cielo, dijo:

-Yo hago juramento al Criador de todas las cosas y a los santos cuatro
Evangelios, donde más largamente están escritos, de hacer la vida que hizo
el grande marqués de Mantua cuando juró de vengar la muerte de su sobrino
Valdovinos, que fue de no comer pan a manteles, ni con su mujer folgar, y
otras cosas que, aunque dellas no me acuerdo, las doy aquí por expresadas,
hasta tomar entera venganza del que tal desaguisado me fizo.

Oyendo esto Sancho, le dijo:

-Advierta vuestra merced, señor don Quijote, que si el caballero cumplió lo
que se le dejó ordenado de irse a presentar ante mi señora Dulcinea del
Toboso, ya habrá cumplido con lo que debía, y no merece otra pena si no
comete nuevo delito.

-Has hablado y apuntado muy bien -respondió don Quijote-; y así, anulo el
juramento en cuanto lo que toca a tomar dél nueva venganza; pero hágole y
confírmole de nuevo de hacer la vida que he dicho, hasta tanto que quite
por fuerza otra celada tal y tan buena como ésta a algún caballero.

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