Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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Cuando Sancho oyó las palabras de su amo, comenzó a llorar con la mayor
ternura del mundo y a decille:
-Señor, yo no sé por qué quiere vuestra merced acometer esta tan temerosa
aventura: ahora es de noche, aquí no nos vee nadie, bien podemos torcer el
camino y desviarnos del peligro, aunque no bebamos en tres días; y, pues no
hay quien nos vea, menos habrá quien nos note de cobardes; cuanto más, que
yo he oído predicar al cura de nuestro lugar, que vuestra merced bien
conoce, que quien busca el peligro perece en él; así que, no es bien tentar
a Dios acometiendo tan desaforado hecho, donde no se puede escapar sino por
milagro; y basta los que ha hecho el cielo con vuestra merced en librarle
de ser manteado, como yo lo fui, y en sacarle vencedor, libre y salvo de
entre tantos enemigos como acompañaban al difunto. Y, cuando todo esto no
mueva ni ablande ese duro corazón, muévale el pensar y creer que apenas se
habrá vuestra merced apartado de aquí, cuando yo, de miedo, dé mi ánima a
quien quisiere llevarla. Yo salí de mi tierra y dejé hijos y mujer por
venir a servir a vuestra merced, creyendo valer más y no menos; pero, como
la cudicia rompe el saco, a mí me ha rasgado mis esperanzas, pues cuando
más vivas las tenía de alcanzar aquella negra y malhadada ínsula que tantas
veces vuestra merced me ha prometido, veo que, en pago y trueco della, me
quiere ahora dejar en un lugar tan apartado del trato humano. Por un solo
Dios, señor mío, que non se me faga tal desaguisado; y ya que del todo no
quiera vuestra merced desistir de acometer este fecho, dilátelo, a lo
menos, hasta la mañana; que, a lo que a mí me muestra la ciencia que
aprendí cuando era pastor, no debe de haber desde aquí al alba tres horas,
porque la boca de la Bocina está encima de la cabeza, y hace la media noche
en la línea del brazo izquierdo.
-¿Cómo puedes tú, Sancho -dijo don Quijote-, ver dónde hace esa línea, ni
dónde está esa boca o ese colodrillo que dices, si hace la noche tan escura
que no parece en todo el cielo estrella alguna?
-Así es -dijo Sancho-, pero tiene el miedo muchos ojos y vee las cosas
debajo de tierra, cuanto más encima en el cielo; puesto que, por buen
discurso, bien se puede entender que hay poco de aquí al día.
-Falte lo que faltare -respondió don Quijote-; que no se ha de decir por
mí, ahora ni en ningún tiempo, que lágrimas y ruegos me apartaron de hacer

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