Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

Página 118 de 838

declararnos la excelencia de su maravilloso silencio, sola una vez se
nombra su nombre en toda aquella tan grande como verdadera historia? De
todo lo que he dicho has de inferir, Sancho, que es menester hacer
diferencia de amo a mozo, de señor a criado y de caballero a escudero. Así
que, desde hoy en adelante, nos hemos de tratar con más respeto, sin darnos
cordelejo, porque, de cualquiera manera que yo me enoje con vos, ha de ser
mal para el cántaro. Las mercedes y beneficios que yo os he prometido
llegarán a su tiempo; y si no llegaren, el salario, a lo menos, no se ha de
perder, como ya os he dicho.
-Está bien cuanto vuestra merced dice -dijo Sancho-, pero querría yo saber,
por si acaso no llegase el tiempo de las mercedes y fuese necesario acudir
al de los salarios, cuánto ganaba un escudero de un caballero andante en
aquellos tiempos, y si se concertaban por meses, o por días, como peones de
albañir.
-No creo yo -respondió don Quijote- que jamás los tales escuderos
estuvieron a salario, sino a merced. Y si yo ahora te le he señalado a ti
en el testamento cerrado que dejé en mi casa, fue por lo que podía suceder;
que aún no sé cómo prueba en estos tan calamitosos tiempos nuestros la
caballería, y no querría que por pocas cosas penase mi ánima en el otro
mundo. Porque quiero que sepas, Sancho, que en él no hay estado más
peligroso que el de los aventureros.
-Así es verdad -dijo Sancho-, pues sólo el ruido de los mazos de un batán
pudo alborotar y desasosegar el corazón de un tan valeroso andante
aventurero como es vuestra merced. Mas, bien puede estar seguro que, de
aquí adelante, no despliegue mis labios para hacer donaire de las cosas de
vuestra merced, si no fuere para honrarle, como a mi amo y señor natural.
-Desa manera -replicó don Quijote-, vivirás sobre la haz de la tierra;
porque, después de a los padres, a los amos se ha de respetar como si lo
fuesen.


Capítulo XXI. Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de
Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero

En esto, comenzó a llover un poco, y quisiera Sancho que se entraran en el
molino de los batanes; mas habíales cobrado tal aborrecimiento don Quijote,
por la pesada burla, que en ninguna manera quiso entrar dentro; y así,
torciendo el camino a la derecha mano, dieron en otro como el que habían
llevado el día de antes.
De allí a poco, descubrió don Quijote un hombre a caballo, que traía en la

Página 118 de 838
 


Grupo de Paginas:                                     

Compartir:




Diccionario: