Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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así, el barbero del mayor servía al menor, en el cual tuvo necesidad un
enfermo de sangrarse y otro de hacerse la barba, para lo cual venía el
barbero, y traía una bacía de azófar; y quiso la suerte que, al tiempo que
venía, comenzó a llover, y, porque no se le manchase el sombrero, que debía
de ser nuevo, se puso la bacía sobre la cabeza; y, como estaba limpia,
desde media legua relumbraba. Venía sobre un asno pardo, como Sancho dijo,
y ésta fue la ocasión que a don Quijote le pareció caballo rucio rodado, y
caballero, y yelmo de oro; que todas las cosas que veía, con mucha
facilidad las acomodaba a sus desvariadas caballerías y malandantes
pensamientos. Y cuando él vio que el pobre caballero llegaba cerca, sin
ponerse con él en razones, a todo correr de Rocinante le enristró con el
lanzón bajo, llevando intención de pasarle de parte a parte; mas cuando a
él llegaba, sin detener la furia de su carrera, le dijo:
-¡Defiéndete, cautiva criatura, o entriégame de tu voluntad lo que con
tanta razón se me debe!
El barbero, que, tan sin pensarlo ni temerlo, vio venir aquella fantasma
sobre sí, no tuvo otro remedio, para poder guardarse del golpe de la lanza,
si no fue el dejarse caer del asno abajo; y no hubo tocado al suelo, cuando
se levantó más ligero que un gamo y comenzó a correr por aquel llano, que
no le alcanzara el viento. Dejóse la bacía en el suelo, con la cual se
contentó don Quijote, y dijo que el pagano había andado discreto y que
había imitado al castor, el cual, viéndose acosado de los cazadores, se
taraza y arpa con los dientes aquéllo por lo que él, por distinto natural,
sabe que es perseguido. Mandó a Sancho que alzase el yelmo, el cual,
tomándola en las manos, dijo:
-Por Dios, que la bacía es buena y que vale un real de a ocho como un
maravedí.
Y, dándosela a su amo, se la puso luego en la cabeza, rodeándola a una
parte y a otra, buscándole el encaje; y, como no se le hallaba, dijo:
-Sin duda que el pagano, a cuya medida se forjó primero esta famosa celada,
debía de tener grandísima cabeza, y lo peor dello es que le falta la mitad.
Cuando Sancho oyó llamar a la bacía celada, no pudo tener la risa; mas
vínosele a las mientes la cólera de su amo, y calló en la mitad della.
-¿De qué te ríes, Sancho? -dijo don Quijote.
-Ríome -respondió él- de considerar la gran cabeza que tenía el pagano
dueño deste almete, que no semeja sino una bacía de barbero pintiparada.

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