Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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"Más vale salto de mata que ruego de hombres buenos". Dígolo porque si el
señor rey, suegro de vuestra merced, no se quisiere domeñar a entregalle a
mi señora la infanta, no hay sino, como vuestra merced dice, roballa y
trasponella. Pero está el daño que, en tanto que se hagan las paces y se
goce pacíficamente el reino, el pobre escudero se podrá estar a diente en
esto de las mercedes. Si ya no es que la doncella tercera, que ha de ser su
mujer, se sale con la infanta, y él pasa con ella su mala ventura, hasta
que el cielo ordene otra cosa; porque bien podrá, creo yo, desde luego
dársela su señor por ligítima esposa.
-Eso no hay quien la quite -dijo don Quijote.
-Pues, como eso sea -respondió Sancho-, no hay sino encomendarnos a Dios, y
dejar correr la suerte por donde mejor lo encaminare.
-Hágalo Dios -respondió don Quijote- como yo deseo y tú, Sancho, has
menester; y ruin sea quien por ruin se tiene.
-Sea par Dios -dijo Sancho-, que yo cristiano viejo soy, y para ser conde
esto me basta.
-Y aun te sobra -dijo don Quijote-; y cuando no lo fueras, no hacía nada al
caso, porque, siendo yo el rey, bien te puedo dar nobleza, sin que la
compres ni me sirvas con nada. Porque, en haciéndote conde, cátate ahí
caballero, y digan lo que dijeren; que a buena fe que te han de llamar
señoría, mal que les pese.
-Y ¡montas que no sabría yo autorizar el litado! -dijo Sancho.
-Dictado has de decir, que no litado -dijo su amo.
-Sea ansí -respondió Sancho Panza-. Digo que le sabría bien acomodar,
porque, por vida mía, que un tiempo fui muñidor de una cofradía, y que me
asentaba tan bien la ropa de muñidor, que decían todos que tenía presencia
para poder ser prioste de la mesma cofradía. Pues, ¿qué será cuando me
ponga un ropón ducal a cuestas, o me vista de oro y de perlas, a uso de
conde estranjero? Para mí tengo que me han de venir a ver de cien leguas.
-Bien parecerás -dijo don Quijote-, pero será menester que te rapes las
barbas a menudo; que, según las tienes de espesas, aborrascadas y mal
puestas, si no te las rapas a navaja, cada dos días por lo menos, a tiro de
escopeta se echará de ver lo que eres.
-¿Qué hay más -dijo Sancho-, sino tomar un barbero y tenelle asalariado en
casa? Y aun, si fuere menester, le haré que ande tras mí, como caballerizo
de grande.
-Pues, ¿cómo sabes tú -preguntó don Quijote- que los grandes llevan detrás
de sí a sus caballerizos?

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