Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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-Yo voy aquí porque me burlé demasiadamente con dos primas hermanas mías, y
con otras dos hermanas que no lo eran mías; finalmente, tanto me burlé con
todas, que resultó de la burla crecer la parentela, tan intricadamente que
no hay diablo que la declare. Probóseme todo, faltó favor, no tuve dineros,
víame a pique de perder los tragaderos, sentenciáronme a galeras por seis
años, consentí: castigo es de mi culpa; mozo soy: dure la vida, que con
ella todo se alcanza. Si vuestra merced, señor caballero, lleva alguna cosa
con que socorrer a estos pobretes, Dios se lo pagará en el cielo, y
nosotros tendremos en la tierra cuidado de rogar a Dios en nuestras
oraciones por la vida y salud de vuestra merced, que sea tan larga y tan
buena como su buena presencia merece.
Éste iba en hábito de estudiante, y dijo una de las guardas que era muy
grande hablador y muy gentil latino.
Tras todos éstos, venía un hombre de muy buen parecer, de edad de treinta
años, sino que al mirar metía el un ojo en el otro un poco. Venía
diferentemente atado que los demás, porque traía una cadena al pie, tan
grande que se la liaba por todo el cuerpo, y dos argollas a la garganta, la
una en la cadena, y la otra de las que llaman guardaamigo o piedeamigo, de
la cual decendían dos hierros que llegaban a la cintura, en los cuales se
asían dos esposas, donde llevaba las manos, cerradas con un grueso candado,
de manera que ni con las manos podía llegar a la boca, ni podía bajar la
cabeza a llegar a las manos. Preguntó don Quijote que cómo iba aquel hombre
con tantas prisiones más que los otros. Respondióle la guarda porque tenía
aquel solo más delitos que todos los otros juntos, y que era tan atrevido y
tan grande bellaco que, aunque le llevaban de aquella manera, no iban
seguros dél, sino que temían que se les había de huir.
-¿Qué delitos puede tener -dijo don Quijote-, si no han merecido más pena
que echalle a las galeras?
-Va por diez años -replicó la guarda-, que es como muerte cevil. No se
quiera saber más, sino que este buen hombre es el famoso Ginés de
Pasamonte, que por otro nombre llaman Ginesillo de Parapilla.
-Señor comisario -dijo entonces el galeote-, váyase poco a poco, y no
andemos ahora a deslindar nombres y sobrenombres. Ginés me llamo y no
Ginesillo, y Pasamonte es mi alcurnia, y no Parapilla, como voacé dice; y
cada uno se dé una vuelta a la redonda, y no hará poco.
-Hable con menos tono -replicó el comisario-, señor ladrón de más de la

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