Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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escaparse de la Hermandad, que temían, que de cargarse de la cadena e ir a
presentarse ante la señora Dulcinea del Toboso.
Solos quedaron jumento y Rocinante, Sancho y Don Quijote; el jumento,
cabizbajo y pensativo, sacudiendo de cuando en cuando las orejas, pensando
que aún no había cesado la borrasca de las piedras, que le perseguían los
oídos; Rocinante, tendido junto a su amo, que también vino al suelo de otra
pedrada; Sancho, en pelota y temeroso de la Santa Hermandad; don Quijote,
mohinísimo de verse tan malparado por los mismos a quien tanto bien había
hecho.


Capítulo XXIII. De lo que le aconteció al famoso don Quijote en Sierra
Morena, que fue una de las más raras aventuras que en esta verdadera
historia se cuentan

Viéndose tan malparado don Quijote, dijo a su escudero:
-Siempre, Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar
agua en la mar. Si yo hubiera creído lo que me dijiste, yo hubiera escusado
esta pesadumbre; pero ya está hecho: paciencia, y escarmentar para desde
aquí adelante.
-Así escarmentará vuestra merced -respondió Sancho- como yo soy turco;
pero, pues dice que si me hubiera creído se hubiera escusado este daño,
créame ahora y escusará otro mayor; porque le hago saber que con la Santa
Hermandad no hay usar de caballerías, que no se le da a ella por cuantos
caballeros andantes hay dos maravedís; y sepa que ya me parece que sus
saetas me zumban por los oídos.
-Naturalmente eres cobarde, Sancho -dijo don Quijote-, pero, porque no
digas que soy contumaz y que jamás hago lo que me aconsejas, por esta vez
quiero tomar tu consejo y apartarme de la furia que tanto temes; mas ha de
ser con una condición: que jamás, en vida ni en muerte, has de decir a
nadie que yo me retiré y aparté deste peligro de miedo, sino por complacer
a tus ruegos; que si otra cosa dijeres, mentirás en ello, y desde ahora
para entonces, y desde entonces para ahora, te desmiento, y digo que
mientes y mentirás todas las veces que lo pensares o lo dijeres. Y no me
repliques más, que en sólo pensar que me aparto y retiro de algún peligro,
especialmente déste, que parece que lleva algún es no es de sombra de
miedo, estoy ya para quedarme, y para aguardar aquí solo, no solamente a la
Santa Hermandad que dices y temes, sino a los hermanos de los doce tribus
de Israel, y a los siete Macabeos, y a Cástor y a Pólux, y aun a todos los
hermanos y hermandades que hay en el mundo.
-Señor -respondió Sancho-, que el retirar no es huir, ni el esperar es

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