Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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sin hacer esta inútil diligencia, poseerlo yo con buena fe hasta que, por
otra vía menos curiosa y diligente, pareciera su verdadero señor; y quizá
fuera a tiempo que lo hubiera gastado, y entonces el rey me hacía franco.
-Engáñaste en eso, Sancho -respondió don Quijote-; que, ya que hemos caído
en sospecha de quién es el dueño, cuasi delante, estamos obligados a
buscarle y volvérselos; y, cuando no le buscásemos, la vehemente sospecha
que tenemos de que él lo sea nos pone ya en tanta culpa como si lo fuese.
Así que, Sancho amigo, no te dé pena el buscalle, por la que a mí se me
quitará si le hallo.
Y así, picó a Rocinante, y siguióle Sancho con su acostumbrado jumento; y,
habiendo rodeado parte de la montaña, hallaron en un arroyo, caída, muerta
y medio comida de perros y picada de grajos, una mula ensillada y
enfrenada; todo lo cual confirmó en ellos más la sospecha de que aquel que
huía era el dueño de la mula y del cojín.
Estándola mirando, oyeron un silbo como de pastor que guardaba ganado, y a
deshora, a su siniestra mano, parecieron una buena cantidad de cabras, y
tras ellas, por cima de la montaña, pareció el cabrero que las guardaba,
que era un hombre anciano. Diole voces don Quijote, y rogóle que bajase
donde estaban. Él respondió a gritos que quién les había traído por aquel
lugar, pocas o ningunas veces pisado sino de pies de cabras o de lobos y
otras fieras que por allí andaban. Respondióle Sancho que bajase, que de
todo le darían buena cuenta. Bajó el cabrero, y, en llegando adonde don
Quijote estaba, dijo:
-Apostaré que está mirando la mula de alquiler que está muerta en esa
hondonada. Pues a buena fe que ha ya seis meses que está en ese lugar.
Díganme: ¿han topado por ahí a su dueño?
-No hemos topado a nadie -respondió don Quijote-, sino a un cojín y a una
maletilla que no lejos deste lugar hallamos.
-También la hallé yo -respondió el cabrero-, mas nunca la quise alzar ni
llegar a ella, temeroso de algún desmán y de que no me la pidiesen por de
hurto; que es el diablo sotil, y debajo de los pies se levanta allombre
cosa donde tropiece y caya, sin saber cómo ni cómo no.
-Eso mesmo es lo que yo digo -respondió Sancho-: que también la hallé yo, y
no quise llegar a ella con un tiro de piedra; allí la dejé y allí se queda
como se estaba, que no quiero perro con cencerro.
-Decidme, buen hombre -dijo don Quijote-, ¿sabéis vos quién sea el dueño
destas prendas?
-Lo que sabré yo decir -dijo el cabrero- es que «habrá al pie de seis

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