Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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de los poetas. Y fue esta negación añadir llama a llama y deseo a deseo,
porque, aunque pusieron silencio a las lenguas, no le pudieron poner a las
plumas, las cuales, con más libertad que las lenguas, suelen dar a entender
a quien quieren lo que en el alma está encerrado; que muchas veces la
presencia de la cosa amada turba y enmudece la intención más determinada y
la lengua más atrevida. ¡Ay cielos, y cuántos billetes le escribí! ¡Cuán
regaladas y honestas respuestas tuve! ¡Cuántas canciones compuse y cuántos
enamorados versos, donde el alma declaraba y trasladaba sus sentimientos,
pintaba sus encendidos deseos, entretenía sus memorias y recreaba su
voluntad!
»En efeto, viéndome apurado, y que mi alma se consumía con el deseo de
verla, determiné poner por obra y acabar en un punto lo que me pareció que
más convenía para salir con mi deseado y merecido premio; y fue el
pedírsela a su padre por legítima esposa, como lo hice; a lo que él me
respondió que me agradecía la voluntad que mostraba de honralle, y de
querer honrarme con prendas suyas, pero que, siendo mi padre vivo, a él
tocaba de justo derecho hacer aquella demanda; porque, si no fuese con
mucha voluntad y gusto suyo, no era Luscinda mujer para tomarse ni darse a
hurto.
»Yo le agradecí su buen intento, pareciéndome que llevaba razón en lo que
decía, y que mi padre vendría en ello como yo se lo dijese; y con este
intento, luego en aquel mismo instante, fui a decirle a mi padre lo que
deseaba. Y, al tiempo que entré en un aposento donde estaba, le hallé con
una carta abierta en la mano, la cual, antes que yo le dijese palabra, me
la dio y me dijo: ´´Por esa carta verás, Cardenio, la voluntad que el duque
Ricardo tiene de hacerte merced´´.» Este duque Ricardo, como ya vosotros,
señores, debéis de saber, es un grande de España que tiene su estado en lo
mejor desta Andalucía. «Tomé y leí la carta, la cual venía tan encarecida
que a mí mesmo me pareció mal si mi padre dejaba de cumplir lo que en ella
se le pedía, que era que me enviase luego donde él estaba; que quería que
fuese compañero, no criado, de su hijo el mayor, y que él tomaba a cargo el
ponerme en estado que correspondiese a la estimación en que me tenía. Leí
la carta y enmudecí leyéndola, y más cuando oí que mi padre me decía: ´´De
aquí a dos días te partirás, Cardenio, a hacer la voluntad del duque; y da
gracias a Dios que te va abriendo camino por donde alcances lo que yo sé

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