Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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ganado y ganó en el tiempo que yo aún no era su escudero. Pero, bien
considerado, ¿qué se le ha de dar a la señora Aldonza Lorenzo, digo, a la
señora Dulcinea del Toboso, de que se le vayan a hincar de rodillas delante
della los vencidos que vuestra merced le envía y ha de enviar? Porque
podría ser que, al tiempo que ellos llegasen, estuviese ella rastrillando
lino, o trillando en las eras, y ellos se corriesen de verla, y ella se
riese y enfadase del presente.
-Ya te tengo dicho antes de agora muchas veces, Sancho -dijo don Quijote-,
que eres muy grande hablador, y que, aunque de ingenio boto, muchas veces
despuntas de agudo. Mas, para que veas cuán necio eres tú y cuán discreto
soy yo, quiero que me oyas un breve cuento. «Has de saber que una viuda
hermosa, moza, libre y rica, y, sobre todo, desenfadada, se enamoró de un
mozo motilón, rollizo y de buen tomo. Alcanzólo a saber su mayor, y un día
dijo a la buena viuda, por vía de fraternal reprehensión: ´´Maravillado
estoy, señora, y no sin mucha causa, de que una mujer tan principal, tan
hermosa y tan rica como vuestra merced, se haya enamorado de un hombre tan
soez, tan bajo y tan idiota como fulano, habiendo en esta casa tantos
maestros, tantos presentados y tantos teólogos, en quien vuestra merced
pudiera escoger como entre peras, y decir: "Éste quiero, aquéste no
quiero"´´. Mas ella le respondió, con mucho donaire y desenvoltura:
´´Vuestra merced, señor mío, está muy engañado, y piensa muy a lo antiguo
si piensa que yo he escogido mal en fulano, por idiota que le parece, pues,
para lo que yo le quiero, tanta filosofía sabe, y más, que Aristóteles´´».
Así que, Sancho, por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale
como la más alta princesa de la tierra. Sí, que no todos los poetas que
alaban damas, debajo de un nombre que ellos a su albedrío les ponen, es
verdad que las tienen. ¿Piensas tú que las Amariles, las Filis, las
Silvias, las Dianas, las Galateas, las Alidas y otras tales de que los
libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las
comedias, están llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de
aquéllos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las más se
las fingen, por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados
y por hombres que tienen valor para serlo. Y así, bástame a mí pensar y
creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta; y en lo del
linaje importa poco, que no han de ir a hacer la información dél para darle

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