Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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tu crueldad y a mi deseo.
Tuyo hasta la muerte,
El Caballero de la Triste Figura.
-Por vida de mi padre -dijo Sancho en oyendo la carta-, que es la más alta
cosa que jamás he oído. ¡Pesia a mí, y cómo que le dice vuestra merced ahí
todo cuanto quiere, y qué bien que encaja en la firma El Caballero de la
Triste Figura! Digo de verdad que es vuestra merced el mesmo diablo, y que
no haya cosa que no sepa.
-Todo es menester -respondió don Quijote- para el oficio que trayo.
-Ea, pues -dijo Sancho-, ponga vuestra merced en esotra vuelta la cédula de
los tres pollinos y fírmela con mucha claridad, porque la conozcan en
viéndola.
-Que me place -dijo don Quijote.
Y, habiéndola escrito,se la leyó; que decía ansí:
Mandará vuestra merced, por esta primera de pollinos, señora sobrina, dar a
Sancho Panza, mi escudero, tres de los cinco que dejé en casa y están a
cargo de vuestra merced. Los cuales tres pollinos se los mando librar y
pagar por otros tantos aquí recebidos de contado, que consta, y con su
carta de pago serán bien dados. Fecha en las entrañas de Sierra Morena, a
veinte y dos de agosto deste presente año.
-Buena está -dijo Sancho-; fírmela vuestra merced.
-No es menester firmarla -dijo don Quijote-, sino solamente poner mi
rúbrica, que es lo mesmo que firma, y para tres asnos, y aun para
trecientos, fuera bastante.
-Yo me confío de vuestra merced -respondió Sancho-. Déjeme, iré a ensillar
a Rocinante, y aparéjese vuestra merced a echarme su bendición, que luego
pienso partirme, sin ver las sandeces que vuestra merced ha de hacer, que
yo diré que le vi hacer tantas que no quiera más.
-Por lo menos quiero, Sancho, y porque es menester ansí, quiero, digo, que
me veas en cueros, y hacer una o dos docenas de locuras, que las haré en
menos de media hora, porque, habiéndolas tú visto por tus ojos, puedas
jurar a tu salvo en las demás que quisieres añadir; y asegúrote que no
dirás tú tantas cuantas yo pienso hacer.
-Por amor de Dios, señor mío, que no vea yo en cueros a vuestra merced, que
me dará mucha lástima y no podré dejar de llorar; y tengo tal la cabeza,
del llanto que anoche hice por el rucio, que no estoy para meterme en
nuevos lloros; y si es que vuestra merced gusta de que yo vea algunas
locuras, hágalas vestido, breves y las que le vinieren más a cuento. Cuanto
más, que para mí no era menester nada deso, y, como ya tengo dicho, fuera
ahorrar el camino de mi vuelta, que ha de ser con las nuevas que vuestra

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