Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

Página 168 de 838

si, imaginando otra cosa della, me volviese loco de aquel género de locura
de Roldán el furioso. Por otra parte, veo que Amadís de Gaula, sin perder
el juicio y sin hacer locuras, alcanzó tanta fama de enamorado como el que
más; porque lo que hizo, según su historia, no fue más de que, por verse
desdeñado de su señora Oriana, que le había mandado que no pareciese ante
su presencia hasta que fuese su voluntad, de que se retiró a la Peña Pobre
en compañía de un ermitaño, y allí se hartó de llorar y de encomendarse a
Dios, hasta que el cielo le acorrió, en medio de su mayor cuita y
necesidad. Y si esto es verdad, como lo es, ¿para qué quiero yo tomar
trabajo agora de desnudarme del todo, ni dar pesadumbre a estos árboles,
que no me han hecho mal alguno? Ni tengo para qué enturbiar el agua clara
destos arroyos, los cuales me han de dar de beber cuando tenga gana. Viva
la memoria de Amadís, y sea imitado de don Quijote de la Mancha en todo lo
que pudiere; del cual se dirá lo que del otro se dijo: que si no acabó
grandes cosas, murió por acometellas; y si yo no soy desechado ni desdeñado
de Dulcinea del Toboso, bástame, como ya he dicho, estar ausente della. Ea,
pues, manos a la obra: venid a mi memoria, cosas de Amadís, y enseñadme por
dónde tengo de comenzar a imitaros. Mas ya sé que lo más que él hizo fue
rezar y encomendarse a Dios; pero, ¿qué haré de rosario, que no le tengo?
En esto le vino al pensamiento cómo le haría, y fue que rasgó una gran tira
de las faldas de la camisa, que andaban colgando, y diole once ñudos, el
uno más gordo que los demás, y esto le sirvió de rosario el tiempo que allí
estuvo, donde rezó un millón de avemarías. Y lo que le fatigaba mucho era
no hallar por allí otro ermitaño que le confesase y con quien consolarse. Y
así, se entretenía paseándose por el pradecillo, escribiendo y grabando por
las cortezas de los árboles y por la menuda arena muchos versos, todos
acomodados a su tristeza, y algunos en alabanza de Dulcinea. Mas los que se
pudieron hallar enteros y que se pudiesen leer, después que a él allí le
hallaron, no fueron más que estos que aquí se siguen:
Árboles, yerbas y plantas
que en aqueste sitio estáis,
tan altos, verdes y tantas,
si de mi mal no os holgáis,
escuchad mis quejas santas.
Mi dolor no os alborote,
aunque más terrible sea,
pues, por pagaros escote,
aquí lloró don Quijote
ausencias de Dulcinea

Página 168 de 838
 


Grupo de Paginas:                                     

Compartir:




Diccionario: