Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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mercedes me haga.
-Vos lo decís como discreto -dijo el cura- y lo haréis como buen cristiano.
Mas lo que ahora se ha de hacer es dar orden como sacar a vuestro amo de
aquella inútil penitencia que decís que queda haciendo; y, para pensar el
modo que hemos de tener, y para comer, que ya es hora, será bien nos
entremos en esta venta.
Sancho dijo que entrasen ellos, que él esperaría allí fuera y que después
les diría la causa por que no entraba ni le convenía entrar en ella; mas
que les rogaba que le sacasen allí algo de comer que fuese cosa caliente,
y, ansimismo, cebada para Rocinante. Ellos se entraron y le dejaron, y, de
allí a poco, el barbero le sacó de comer. Después, habiendo bien pensado
entre los dos el modo que tendrían para conseguir lo que deseaban, vino el
cura en un pensamiento muy acomodado al gusto de don Quijote y para lo que
ellos querían. Y fue que dijo al barbero que lo que había pensado era que
él se vestiría en hábito de doncella andante, y que él procurase ponerse lo
mejor que pudiese como escudero, y que así irían adonde don Quijote estaba,
fingiendo ser ella una doncella afligida y menesterosa, y le pediría un
don, el cual él no podría dejársele de otorgar, como valeroso caballero
andante. Y que el don que le pensaba pedir era que se viniese con ella
donde ella le llevase, a desfacelle un agravio que un mal caballero le
tenía fecho; y que le suplicaba, ansimesmo, que no la mandase quitar su
antifaz, ni la demandase cosa de su facienda, fasta que la hubiese fecho
derecho de aquel mal caballero; y que creyese, sin duda, que don Quijote
vendría en todo cuanto le pidiese por este término; y que desta manera le
sacarían de allí y le llevarían a su lugar, donde procurarían ver si tenía
algún remedio su estraña locura.


Capítulo XXVII. De cómo salieron con su intención el cura y el barbero, con
otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia

No le pareció mal al barbero la invención del cura, sino tan bien, que
luego la pusieron por obra. Pidiéronle a la ventera una saya y unas tocas,
dejándole en prendas una sotana nueva del cura. El barbero hizo una gran
barba de una cola rucia o roja de buey, donde el ventero tenía colgado el
peine. Preguntóles la ventera que para qué le pedían aquellas cosas. El
cura le contó en breves razones la locura de don Quijote, y cómo convenía
aquel disfraz para sacarle de la montaña, donde a la sazón estaba.

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