Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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anduvieron mucho, cuando, al volver de una punta de una peña, vieron a un
hombre del mismo talle y figura que Sancho Panza les había pintado cuando
les contó el cuento de Cardenio; el cual hombre, cuando los vio, sin
sobresaltarse, estuvo quedo, con la cabeza inclinada sobre el pecho a guisa
de hombre pensativo, sin alzar los ojos a mirarlos más de la vez primera,
cuando de improviso llegaron.
El cura, que era hombre bien hablado (como el que ya tenía noticia de su
desgracia, pues por las señas le había conocido), se llegó a él, y con
breves aunque muy discretas razones le rogó y persuadió que aquella tan
miserable vida dejase, porque allí no la perdiese, que era la desdicha
mayor de las desdichas. Estaba Cardenio entonces en su entero juicio, libre
de aquel furioso accidente que tan a menudo le sacaba de sí mismo; y así,
viendo a los dos en traje tan no usado de los que por aquellas soledades
andaban, no dejó de admirarse algún tanto, y más cuando oyó que le habían
hablado en su negocio como en cosa sabida -porque las razones que el cura
le dijo así lo dieron a entender-; y así, respondió desta manera:
-Bien veo yo, señores, quienquiera que seáis, que el cielo, que tiene
cuidado de socorrer a los buenos, y aun a los malos muchas veces, sin yo
merecerlo, me envía, en estos tan remotos y apartados lugares del trato
común de las gentes, algunas personas que, poniéndome delante de los ojos
con vivas y varias razones cuán sin ella ando en hacer la vida que hago,
han procurado sacarme désta a mejor parte; pero, como no saben que sé yo
que en saliendo deste daño he de caer en otro mayor, quizá me deben de
tener por hombre de flacos discursos, y aun, lo que peor sería, por de
ningún juicio. Y no sería maravilla que así fuese, porque a mí se me
trasluce que la fuerza de la imaginación de mis desgracias es tan intensa y
puede tanto en mi perdición que, sin que yo pueda ser parte a estobarlo,
vengo a quedar como piedra, falto de todo buen sentido y conocimiento; y
vengo a caer en la cuenta desta verdad, cuando algunos me dicen y muestran
señales de las cosas que he hecho en tanto que aquel terrible accidente me
señorea, y no sé más que dolerme en vano y maldecir sin provecho mi
ventura, y dar por disculpa de mis locuras el decir la causa dellas a
cuantos oírla quieren; porque, viendo los cuerdos cuál es la causa, no se
maravillarán de los efetos, y si no me dieren remedio, a lo menos no me

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