Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

Página 194 de 838

que fuera en perjuicio de mi honestidad, así fuera posible hacella o
decilla como es posible dejar de haber sido lo que fue. Así que, si tú
tienes ceñido mi cuerpo con tus brazos, yo tengo atada mi alma con mis
buenos deseos, que son tan diferentes de los tuyos como lo verás si con
hacerme fuerza quisieres pasar adelante en ellos. Tu vasalla soy, pero no
tu esclava; ni tiene ni debe tener imperio la nobleza de tu sangre para
deshonrar y tener en poco la humildad de la mía; y en tanto me estimo yo,
villana y labradora, como tú, señor y caballero. Conmigo no han de ser de
ningún efecto tus fuerzas, ni han de tener valor tus riquezas, ni tus
palabras han de poder engañarme, ni tus suspiros y lágrimas enternecerme.
Si alguna de todas estas cosas que he dicho viera yo en el que mis padres
me dieran por esposo, a su voluntad se ajustara la mía, y mi voluntad de la
suya no saliera; de modo que, como quedara con honra, aunque quedara sin
gusto, de grado te entregara lo que tú, señor, ahora con tanta fuerza
procuras. Todo esto he dicho porque no es pensar que de mí alcance cosa
alguna el que no fuere mi ligítimo esposo´´. ´´Si no reparas más que en
eso, bellísima Dorotea -(que éste es el nombre desta desdichada), dijo el
desleal caballero-, ves: aquí te doy la mano de serlo tuyo, y sean testigos
desta verdad los cielos, a quien ninguna cosa se asconde, y esta imagen de
Nuestra Señora que aquí tienes´´.»
Cuando Cardenio le oyó decir que se llamaba Dorotea, tornó de nuevo a sus
sobresaltos y acabó de confirmar por verdadera su primera opinión; pero no
quiso interromper el cuento, por ver en qué venía a parar lo que él ya casi
sabía; sólo dijo:
-¿Que Dorotea es tu nombre, señora? Otra he oído yo decir del mesmo, que
quizá corre parejas con tus desdichas. Pasa adelante, que tiempo vendrá en
que te diga cosas que te espanten en el mesmo grado que te lastimen.
Reparó Dorotea en las razones de Cardenio y en su estraño y desastrado
traje, y rogóle que si alguna cosa de su hacienda sabía, se la dijese
luego; porque si algo le había dejado bueno la fortuna, era el ánimo que
tenía para sufrir cualquier desastre que le sobreviniese, segura de que, a
su parecer, ninguno podía llegar que el que tenía acrecentase un punto.
-No le perdiera yo, señora -respondió Cardenio-, en decirte lo que pienso,
si fuera verdad lo que imagino; y hasta ahora no se pierde coyuntura, ni a
ti te importa nada el saberlo.
-Sea lo que fuere -respondió Dorotea-, «lo que en mi cuento pasa fue que,

Página 194 de 838
 


Grupo de Paginas:                                     

Compartir:




Diccionario: