Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

Página 198 de 838

llegando su esposo a desabrocharle el pecho para que le diese el aire, le
halló un papel escrito de la misma letra de Luscinda, en que decía y
declaraba que ella no podía ser esposa de don Fernando, porque lo era de
Cardenio, que, a lo que el hombre me dijo, era un caballero muy principal
de la mesma ciudad; y que si había dado el sí a don Fernando, fue por no
salir de la obediencia de sus padres. En resolución, tales razones dijo que
contenía el papel, que daba a entender que ella había tenido intención de
matarse en acabándose de desposar, y daba allí las razones por que se había
quitado la vida. Todo lo cual dicen que confirmó una daga que le hallaron
no sé en qué parte de sus vestidos. Todo lo cual visto por don Fernando,
pareciéndole que Luscinda le había burlado y escarnecido y tenido en poco,
arremetió a ella, antes que de su desmayo volviese, y con la misma daga que
le hallaron la quiso dar de puñaladas; y lo hiciera si sus padres y los que
se hallaron presentes no se lo estorbaran. Dijeron más: que luego se
ausentó don Fernando, y que Luscinda no había vuelto de su parasismo hasta
otro día, que contó a sus padres cómo ella era verdadera esposa de aquel
Cardenio que he dicho. Supe más: que el Cardenio, según decían, se halló
presente en los desposorios, y que, en viéndola desposada, lo cual él jamás
pensó, se salió de la ciudad desesperado, dejándole primero escrita una
carta, donde daba a entender el agravio que Luscinda le había hecho, y de
cómo él se iba adonde gentes no le viesen.
»Esto todo era público y notorio en toda la ciudad, y todos hablaban dello;
y más hablaron cuando supieron que Luscinda había faltado de casa de sus
padres y de la ciudad, pues no la hallaron en toda ella, de que perdían el
juicio sus padres y no sabían qué medio se tomar para hallarla. Esto que
supe puso en bando mis esperanzas, y tuve por mejor no haber hallado a don
Fernando, que no hallarle casado, pareciéndome que aún no estaba del todo
cerrada la puerta a mi remedio, dándome yo a entender que podría ser que el
cielo hubiese puesto aquel impedimento en el segundo matrimonio, por
atraerle a conocer lo que al primero debía, y a caer en la cuenta de que
era cristiano y que estaba más obligado a su alma que a los respetos
humanos. Todas estas cosas revolvía en mi fantasía, y me consolaba sin
tener consuelo, fingiendo unas esperanzas largas y desmayadas, para
entretener la vida, que ya aborrezco

Página 198 de 838
 


Grupo de Paginas:                                     

Compartir:




Diccionario: