Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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las promesas que me ha dado de que, cuando otra vez hagas ausencia de tu
casa, me hablará en la recámara, donde está el repuesto de tus alhajas -y
era la verdad, que allí le solía hablar Camila-; y no quiero que
precipitosamente corras a hacer alguna venganza, pues no está aún cometido
el pecado sino con pensamiento, y podría ser que, desde éste hasta el
tiempo de ponerle por obra, se mudase el de Camila y naciese en su lugar el
arrepentimiento. Y así, ya que, en todo o en parte, has seguido siempre mis
consejos, sigue y guarda uno que ahora te diré, para que sin engaño y con
medroso advertimento te satisfagas de aquello que más vieres que te
convenga. Finge que te ausentas por dos o tres días, como otras veces
sueles, y haz de manera que te quedes escondido en tu recámara, pues los
tapices que allí hay y otras cosas con que te puedas encubrir te ofrecen
mucha comodidad, y entonces verás por tus mismos ojos, y yo por los míos,
lo que Camila quiere; y si fuere la maldad que se puede temer antes que
esperar, con silencio, sagacidad y discreción podrás ser el verdugo de tu
agravio.
»Absorto, suspenso y admirado quedó Anselmo con las razones de Lotario,
porque le cogieron en tiempo donde menos las esperaba oír, porque ya tenía
a Camila por vencedora de los fingidos asaltos de Lotario y comenzaba a
gozar la gloria del vencimiento. Callando estuvo por un buen espacio,
mirando al suelo sin mover pestaña, y al cabo dijo:
»-Tú lo has hecho, Lotario, como yo esperaba de tu amistad; en todo he de
seguir tu consejo: haz lo que quisieres y guarda aquel secreto que ves que
conviene en caso tan no pensado.
»Prometióselo Lotario, y, en apartándose dél, se arrepintió totalmente de
cuanto le había dicho, viendo cuán neciamente había andado, pues pudiera él
vengarse de Camila, y no por camino tan cruel y tan deshonrado. Maldecía su
entendimiento, afeaba su ligera determinación, y no sabía qué medio tomarse
para deshacer lo hecho, o para dalle alguna razonable salida. Al fin,
acordó de dar cuenta de todo a Camila; y, como no faltaba lugar para
poderlo hacer, aquel mismo día la halló sola, y ella, así como vio que le
podía hablar, le dijo.
»-Sabed, amigo Lotario, que tengo una pena en el corazón que me le aprieta
de suerte que parece que quiere reventar en el pecho, y ha de ser maravilla
si no lo hace, pues ha llegado la desvergüenza de Leonela a tanto, que cada
noche encierra a un galán suyo en esta casa y se está con él hasta el día,

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