Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

Página 259 de 838

a su esposo, sino que le dio venganza del que se atrevió a ofendelle. Mas,
con todo, creo que fuera mejor dar cuenta desto a Anselmo, pero ya se la
apunté a dar en la carta que le escribí al aldea, y creo que el no acudir
él al remedio del daño que allí le señalé, debió de ser que, de puro bueno
y confiado, no quiso ni pudo creer que en el pecho de su tan firme amigo
pudiese caber género de pensamiento que contra su honra fuese; ni aun yo lo
creí después, por muchos días, ni lo creyera jamás, si su insolencia no
llegara a tanto, que las manifiestas dádivas y las largas promesas y las
continuas lágrimas no me lo manifestaran. Mas, ¿para qué hago yo ahora
estos discursos? ¿Tiene, por ventura, una resulución gallarda necesidad de
consejo alguno? No, por cierto. ¡Afuera, pues, traidores; aquí, venganzas!
¡Entre el falso, venga, llegue, muera y acabe, y suceda lo que sucediere!
Limpia entré en poder del que el cielo me dio por mío, limpia he de salir
dél; y, cuando mucho, saldré bañada en mi casta sangre, y en la impura del
más falso amigo que vio la amistad en el mundo.
»Y, diciendo esto, se paseaba por la sala con la daga desenvainada, dando
tan desconcertados y desaforados pasos, y haciendo tales ademanes, que no
parecía sino que le faltaba el juicio, y que no era mujer delicada, sino un
rufián desesperado.
»Todo lo miraba Anselmo, cubierto detrás de unos tapices donde se había
escondido, y de todo se admiraba, y ya le parecía que lo que había visto y
oído era bastante satisfación para mayores sospechas; y ya quisiera que la
prueba de venir Lotario faltara, temeroso de algún mal repentino suceso. Y,
estando ya para manifestarse y salir, para abrazar y desengañar a su
esposa, se detuvo porque vio que Leonela volvía con Lotario de la mano; y,
así como Camila le vio, haciendo con la daga en el suelo una gran raya
delante della, le dijo:
»-Lotario, advierte lo que te digo: si a dicha te atrevieres a pasar desta
raya que ves, ni aun llegar a ella, en el punto que viere que lo intentas,
en ese mismo me pasaré el pecho con esta daga que en las manos tengo. Y,
antes que a esto me respondas palabra, quiero que otras algunas me
escuches; que después responderás lo que más te agradare. Lo primero,
quiero, Lotario, que me digas si conoces a Anselmo, mi marido, y en qué
opinión le tienes; y lo segundo, quiero saber también si me conoces a mí.
Respóndeme a esto, y no te turbes, ni pienses mucho lo que has de

Página 259 de 838
 


Grupo de Paginas:                                     

Compartir:




Diccionario: