Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

Página 260 de 838

responder, pues no son dificultades las que te pregunto.
»No era tan ignorante Lotario que, desde el primer punto que Camila le dijo
que hiciese esconder a Anselmo, no hubiese dado en la cuenta de lo que ella
pensaba hacer; y así, correspondió con su intención tan discretamente, y
tan a tiempo, que hicieran los dos pasar aquella mentira por más que cierta
verdad; y así, respondió a Camila desta manera:
»-No pensé yo, hermosa Camila, que me llamabas para preguntarme cosas tan
fuera de la intención con que yo aquí vengo. Si lo haces por dilatarme la
prometida merced, desde más lejos pudieras entretenerla, porque tanto más
fatiga el bien deseado cuanto la esperanza está más cerca de poseello;
pero, porque no digas que no respondo a tus preguntas, digo que conozco a
tu esposo Anselmo, y nos conocemos los dos desde nuestros más tiernos años;
y no quiero decir lo que tú tan bien sabes de nuestra amistad, por no me
hacer testigo del agravio que el amor hace que le haga, poderosa disculpa
de mayores yerros. A ti te conozco y tengo en la misma posesión que él te
tiene; que, a no ser así, por menos prendas que las tuyas no había yo de ir
contra lo que debo a ser quien soy y contra las santas leyes de la
verdadera amistad, ahora por tan poderoso enemigo como el amor por mí
rompidas y violadas.
»-Si eso confiesas -respondió Camila-, enemigo mortal de todo aquello que
justamente merece ser amado, ¿con qué rostro osas parecer ante quien sabes
que es el espejo donde se mira aquel en quien tú te debieras mirar, para
que vieras con cuán poca ocasión le agravias? Pero ya cayo, ¡ay, desdichada
de mí!, en la cuenta de quién te ha hecho tener tan poca con lo que a ti
mismo debes, que debe de haber sido alguna desenvoltura mía, que no quiero
llamarla deshonestidad, pues no habrá procedido de deliberada
determinación, sino de algún descuido de los que las mujeres que piensan
que no tienen de quién recatarse suelen hacer inadvertidamente. Si no,
dime: ¿cuándo, ¡oh traidor!, respondí a tus ruegos con alguna palabra o
señal que pudiese despertar en ti alguna sombra de esperanza de cumplir tus
infames deseos? ¿Cuándo tus amorosas palabras no fueron deshechas y
reprehendidas de las mías con rigor y con aspereza? ¿Cuándo tus muchas
promesas y mayores dádivas fueron de mí creídas, ni admitidas? Pero, por
parecerme que alguno no puede perseverar en el intento amoroso luengo
tiempo, si no es sustentado de alguna esperanza, quiero atribuirme a mí la
culpa de tu impertinencia, pues, sin duda, algún descuido mío ha sustentado
tanto tiempo tu cuidado; y así, quiero castigarme y darme la pena que tu

Página 260 de 838
 


Grupo de Paginas:                                     

Compartir:




Diccionario: