Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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»-Sosiégate, señor mío, y no te alborotes, ni sigas al que de aquí saltó;
es cosa mía, y tanto, que es mi esposo.
»No lo quiso creer Anselmo; antes, ciego de enojo, sacó la daga y quiso
herir a Leonela, diciéndole que le dijese la verdad, si no, que la mataría.
Ella, con el miedo, sin saber lo que se decía, le dijo:
»-No me mates, señor, que yo te diré cosas de más importancia de las que
puedes imaginar.

»-Dilas luego -dijo Anselmo-; si no, muerta eres.

»-Por ahora será imposible -dijo Leonela-, según estoy de turbada; déjame
hasta mañana, que entonces sabrás de mí lo que te ha de admirar; y está
seguro que el que saltó por esta ventana es un mancebo desta ciudad, que me
ha dado la mano de ser mi esposo.

»Sosegóse con esto Anselmo y quiso aguardar el término que se le pedía,
porque no pensaba oír cosa que contra Camila fuese, por estar de su bondad
tan satisfecho y seguro; y así, se salió del aposento y dejó encerrada en
él a Leonela, diciéndole que de allí no saldría hasta que le dijese lo que
tenía que decirle.

»Fue luego a ver a Camila y a decirle, como le dijo, todo aquello que con
su doncella le había pasado, y la palabra que le había dado de decirle
grandes cosas y de importancia. Si se turbó Camila o no, no hay para qué
decirlo, porque fue tanto el temor que cobró, creyendo verdaderamente -y
era de creer- que Leonela había de decir a Anselmo todo lo que sabía de su
poca fe, que no tuvo ánimo para esperar si su sospecha salía falsa o no. Y
aquella mesma noche, cuando le pareció que Anselmo dormía, juntó las
mejores joyas que tenía y algunos dineros, y, sin ser de nadie sentida,
salió de casa y se fue a la de Lotario, a quien contó lo que pasaba, y le
pidió que la pusiese en cobro, o que se ausentasen los dos donde de Anselmo
pudiesen estar seguros. La confusión en que Camila puso a Lotario fue tal,
que no le sabía responder palabra, ni menos sabía resolverse en lo que
haría.

»En fin, acordó de llevar a Camila a un monesterio, en quien era priora una
su hermana. Consintió Camila en ello, y, con la presteza que el caso pedía,
la llevó Lotario y la dejó en el monesterio, y él, ansimesmo, se ausentó
luego de la ciudad, sin dar parte a nadie de su ausencia.

»Cuando amaneció, sin echar de ver Anselmo que Camila faltaba de su lado,
con el deseo que tenía de saber lo que Leonela quería decirle, se levantó y

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