Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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toda la ciudad está admirada deste suceso, porque no se podía esperar tal
hecho de la mucha y familiar amistad de los dos, que dicen que era tanta,
que los llamaban los dos amigos.

»-¿Sábese, por ventura -dijo Anselmo-, el camino que llevan Lotario y
Camila?

»-Ni por pienso -dijo el ciudadano-, puesto que el gobernador ha usado de
mucha diligencia en buscarlos

»-A Dios vais, señor -dijo Anselmo.

»-Con Él quedéis -respondió el ciudadano, y fuese.

»Con tan desdichadas nuevas, casi casi llegó a términos Anselmo, no sólo de
perder el juicio, sino de acabar la vida. Levantóse como pudo y llegó a
casa de su amigo, que aún no sabía su desgracia; mas, como le vio llegar
amarillo, consumido y seco, entendió que de algún grave mal venía fatigado.
Pidió luego Anselmo que le acostasen, y que le diesen aderezo de escribir.
Hízose así, y dejáronle acostado y solo, porque él así lo quiso, y aun que
le cerrasen la puerta. Viéndose, pues, solo, comenzó a cargar tanto la
imaginación de su desventura, que claramente conoció que se le iba acabando
la vida; y así, ordenó de dejar noticia de la causa de su estraña muerte;
y, comenzando a escribir, antes que acabase de poner todo lo que quería, le
faltó el aliento y dejó la vida en las manos del dolor que le causó su
curiosidad impertinente.

»Viendo el señor de casa que era ya tarde y que Anselmo no llamaba, acordó
de entrar a saber si pasaba adelante su indisposición, y hallóle tendido
boca abajo, la mitad del cuerpo en la cama y la otra mitad sobre el bufete,
sobre el cual estaba con el papel escrito y abierto, y él tenía aún la
pluma en la mano. Llegóse el huésped a él, habiéndole llamado primero; y,
trabándole por la mano, viendo que no le respondía y hallándole frío, vio
que estaba muerto. Admiróse y congojóse en gran manera, y llamó a la gente
de casa para que viesen la desgracia a Anselmo sucedida; y, finalmente,
leyó el papel, que conoció que de su mesma mano estaba escrito, el cual
contenía estas razones:

Un necio e impertinente deseo me quitó la vida. Si las nuevas de mi muerte
llegaren a los oídos de Camila, sepa que yo la perdono, porque no estaba
ella obligada a hacer milagros, ni yo tenía necesidad de querer que ella
los hiciese; y, pues yo fui el fabricador de mi deshonra, no hay para
qué...

»Hasta aquí escribió Anselmo, por donde se echó de ver que en aquel punto,
sin poder acabar la razón, se le acabó la vida. Otro día dio aviso su amigo

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