Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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quiero hacer una cosa con vosotros que ha muchos días que la tengo pensada
y con madura consideración dispuesta. Vosotros estáis ya en edad de tomar
estado, o, a lo menos, de elegir ejercicio, tal que, cuando mayores, os
honre y aproveche. Y lo que he pensado es hacer de mi hacienda cuatro
partes: las tres os daré a vosotros, a cada uno lo que le tocare, sin
exceder en cosa alguna, y con la otra me quedaré yo para vivir y
sustentarme los días que el cielo fuere servido de darme de vida. Pero
querría que, después que cada uno tuviese en su poder la parte que le toca
de su hacienda, siguiese uno de los caminos que le diré. Hay un refrán en
nuestra España, a mi parecer muy verdadero, como todos lo son, por ser
sentencias breves sacadas de la luenga y discreta experiencia; y el que yo
digo dice: "Iglesia, o mar, o casa real", como si más claramente dijera:
"Quien quisiere valer y ser rico, siga o la Iglesia, o navegue, ejercitando
el arte de la mercancía, o entre a servir a los reyes en sus casas"; porque
dicen: "Más vale migaja de rey que merced de señor". Digo esto porque
querría, y es mi voluntad, que uno de vosotros siguiese las letras, el otro
la mercancía, y el otro sirviese al rey en la guerra, pues es dificultoso
entrar a servirle en su casa; que, ya que la guerra no dé muchas riquezas,
suele dar mucho valor y mucha fama. Dentro de ocho días, os daré toda
vuestra parte en dineros, sin defraudaros en un ardite, como lo veréis por
la obra. Decidme ahora si queréis seguir mi parecer y consejo en lo que os
he propuesto´´. Y, mandándome a mí, por ser el mayor, que respondiese,
después de haberle dicho que no se deshiciese de la hacienda, sino que
gastase todo lo que fuese su voluntad, que nosotros éramos mozos para saber
ganarla, vine a concluir en que cumpliría su gusto, y que el mío era seguir
el ejercicio de las armas, sirviendo en él a Dios y a mi rey. El segundo
hermano hizo los mesmos ofrecimientos, y escogió el irse a las Indias,
llevando empleada la hacienda que le cupiese. El menor, y, a lo que yo
creo, el más discreto, dijo que quería seguir la Iglesia, o irse a acabar
sus comenzados estudios a Salamanca. Así como acabamos de concordarnos y
escoger nuestros ejercicios, mi padre nos abrazó a todos, y, con la
brevedad que dijo, puso por obra cuanto nos había prometido; y, dando a
cada uno su parte, que, a lo que se me acuerda, fueron cada tres mil

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