Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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de don Juan Zanoguera, caballero valenciano y famoso soldado. Cautivaron a
don Pedro Puertocarrero, general de la Goleta, el cual hizo cuanto fue
posible por defender su fuerza; y sintió tanto el haberla perdido que de
pesar murió en el camino de Constantinopla, donde le llevaban cautivo.
Cautivaron ansimesmo al general del fuerte, que se llamaba Gabrio
Cervellón, caballero milanés, grande ingeniero y valentísimo soldado.
Murieron en estas dos fuerzas muchas personas de cuenta, de las cuales fue
una Pagán de Oria, caballero del hábito de San Juan, de condición generoso,
como lo mostró la summa liberalidad que usó con su hermano, el famoso Juan
de Andrea de Oria; y lo que más hizo lastimosa su muerte fue haber muerto a
manos de unos alárabes de quien se fió, viendo ya perdido el fuerte, que se
ofrecieron de llevarle en hábito de moro a Tabarca, que es un portezuelo o
casa que en aquellas riberas tienen los ginoveses que se ejercitan en la
pesquería del coral; los cuales alárabes le cortaron la cabeza y se la
trujeron al general de la armada turquesca, el cual cumplió con ellos
nuestro refrán castellano: "Que aunque la traición aplace, el traidor se
aborrece"; y así, se dice que mandó el general ahorcar a los que le
trujeron el presente, porque no se le habían traído vivo.

»Entre los cristianos que en el fuerte se perdieron, fue uno llamado don
Pedro de Aguilar, natural no sé de qué lugar del Andalucía, el cual había
sido alférez en el fuerte, soldado de mucha cuenta y de raro entendimiento:
especialmente tenía particular gracia en lo que llaman poesía. Dígolo
porque su suerte le trujo a mi galera y a mi banco, y a ser esclavo de mi
mesmo patrón; y, antes que nos partiésemos de aquel puerto, hizo este
caballero dos sonetos, a manera de epitafios, el uno a la Goleta y el otro
al fuerte. Y en verdad que los tengo de decir, porque los sé de memoria y
creo que antes causarán gusto que pesadumbre.»

En el punto que el cautivo nombró a don Pedro de Aguilar, don Fernando miró
a sus camaradas, y todos tres se sonrieron; y, cuando llegó a decir de los
sonetos, dijo el uno:

-Antes que vuestra merced pase adelante, le suplico me diga qué se hizo ese
don Pedro de Aguilar que ha dicho.

-Lo que sé es -respondió el cautivo- que, al cabo de dos años que estuvo en
Constantinopla, se huyó en traje de arnaúte con un griego espía, y no sé si
vino en libertad, puesto que creo que sí, porque de allí a un año vi yo al
griego en Constantinopla, y no le pude preguntar el suceso de aquel viaje.

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